LA PRENSA MATRITENSE EN LOS PRIMEROS AÑOS DE LA RESTAURACIÓN

En este período se tejieron especialmente, como señala el profesor Bussy Genevois, un complejo y potente entramado de relaciones financieras y políticas. Indudablemente, las élites periodísticas priorizaban en su escala de intereses arrancar de los cenáculos políticos un sinfín de prebendas, favores y una provechosa ascendencia por encima del éxito de su periódico. La derivada resultante fue la formación de un profundo entramado de corrupción, que contagió todo el “sistema”. El propio Gabriel Maura llegó a afirmar, que “al propietario le importaba menos el negocio editorial, que la granjería política”.

Un dato que sorprende a todos los curiosos que se asoman con interés a esta parcela de la Historia, es el apunte que atañe a la tirada de los rotativos. Seleccionando una fecha como 1887, verificamos que solamente en la capital… ¡Proliferaban 41 diarios y 37 semanarios! Realmente resulta chocante la enorme difusión de los periódicos, contemplando la exigua población española y fundamentalmente su alta tasa de analfabetismo:72% en 1877. Recordemos que países como Francia mantenía en este aspecto un índice del 15% o Bélgica un 34%. Esta reseña dejaba únicamente a un 28% del total del censo, es decir, a 4 millones de habitantes de los 16 millones que forman la población española, como potenciales lectores.

Pero, ¿cuáles eran los más leídos? He recabado la siguiente información que refiere al número de muestras  lanzadas diariamente en 1880. Además me he detenido en alguno de ellos para exponer alguna breve y a mi juicio llamativa observación.

El Imparcial: 40.772 ejemplares diarios. Un símbolo de la Restauración. Fue el periódico de mayor tirada e influencia en el último tercio del XIX. Las anécdotas sobre su influencia y prestigio son numerosas. Recoge Jesús Timoteo Álvarez, en su obra Restauración y Prensa de Masas, un chascarrillo atribuido a Sagasta: “Un día preguntaron a Sagasta, siendo Poder, si había alguna novedad política-Pues no lo sé, respondía don Práxedes, porque no he leído El Imparcial-“.

El Globo: 23.870 muestras. En sus inicios, ideológicamente próximo a Castelar.

El Liberal: 22.424 diarios. Con arrolladora fuerza llegará El Liberal en mayo de 1879, tras escindirse de  El Imparcial. Su auge es tal, que en apenas 5 años se convertirá en el líder del periodismo nacional. La clave del éxito, la introducción de novedades y la frescura y claridad en sus exposiciones. Algunos autores han querido ver en El Liberal  un atisbo de independencia frente a los poderes públicos. Por esta consideración sus productores se definían como “puros”. Ocuparía el centro político, crítico con el sistema, pero sin oponerse totalmente a él.

El Siglo Futuro: 4.023 publicaciones. Vinculado al carlismo.

La Época: 2.102 periódicos. No obstante y a pesar de la reducida reseña numérica, La Época se erigirá como demuestra el alto número de citaciones de sus competidores, en un diario de notable influencia muy superior al número de ejemplares tirados, actuando efectivamente como portavoz oficioso de las fuerzas conservadoras.

En el ala izquierda, predominarían los periódicos republicanos representados entre otros, por El Demócrata o El Manifiesto. Atesoraron una significativa menor tirada que los anteriormente citados, inclusive detentaron verdaderas dificultades para sobrevivir y sortear la censura. Aludamos en esta materia al “Tribunal especial para Delitos de Imprenta” o al “Decreto de 29-1-1875”, en virtud del cual se prohibía atacar directa o indirectamente el sistema monárquico constitucional. Sagasta suavizó este estado de cosas merced a la promulgación de la “Ley de Imprenta de 26-7-83”, por la cual se suprimía la jurisdicción especial, sometiendo los delitos cometidos a través de la Prensa al Código Penal.

Y para cerrar este pequeño informe, no quisiera dejar de mencionar las publicaciones de contenido satírico. Se trata de espacios de crítica política, repletos de ingenio y perspicacia y que guardan en sus relatos un extraordinario acento irónico, incisivo y mordaz. Destacaría en este entorno El Gil Blas, El Garbanzo o Los Puntos Negros.

 

¡¡¡Feliz Navidad y Próspero 2017!!!

 

 Fuentes manejadas:

 

“Restauración y Prensa de Masas. Los engranajes de un sistema (1875-1883)”. Jesús Timoteo Álvarez.

“Oratoria y Periodismo en la España del siglo XIX”. María Cruz-Seoane. Fundación Juan March. Editorial Castalia, 1977.

“La Prensa”, Daniele Bussy Genevois, en “La Historia de España” de Menéndez Pidal. Dirigida por José María Jover Zamora. Tomo XXXVI, “La España de La Restauración (1875-1902). Civilización y Cultura”. Editorial Espasa Calpe. Madrid 2002.

“La Prensa de los siglos XIX y XX. Metodología, Ideología e Información. Aspectos Económicos y Tecnológicos”. Manuel Tuñón de Lara. UCM 1986.

 

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HOMENAJE A JULIÁN GAYARRE EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU MUERTE. MADRID 1891

 

 

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En primer término el Teatro Real y, al fondo de la ilustración, el domicilio del artista

Con motivo del primer aniversario del fallecimiento de Julián Gayarre, se oficiaron en Madrid dos sobresalientes ceremonias para honrar al insigne artista. El primer acto tendría un carácter religioso y se desarrollaría en la entonces Catedral de San Isidro, “celebrándose honras fúnebres por el eterno descanso del finado, en las que se cantaría la Misa de Requiem del maestro Eslava”. La segunda gran ceremonia se constataría en el Teatro Real,“verdadero teatro de los triunfos más espléndidos del malogrado cantante, ejecutándose la Misa de Requiem del maestro Verdi, y la introducción del acto cuarto de la Ópera La Favorita”.

Las paredes del templo de San Isidro aparecieron severamente enlutadas, mientras que una serie de candiles ardían en las capillas, ofreciendo al sagrado recinto “un aspecto imponente”. En el centro de la gran nave se habían colocado dos filas de bancos cubiertas de paños negros, y dando frente al altar las poltronas que debían ocupar los deudos del artista. Entre estos bancos tomaron asiento un buen número de ilustres personajes, entre los que se distinguía a Emilio Castelar. El resto del espacio se vio ocupado por multitud de personas, “perteneciendo en su mayoría a clases modestas de la sociedad, que acudieron a rogar a Dios por el eterno descanso del virtuoso”. Por cierto no fue la Colegiata de San Isidro el único recinto religioso en el que se imploró por el alma del artista, también se sumaron a la ofrenda, la de Santiago, en cuya parroquia falleció el artista navarro, y la iglesia de la Encarnación.

En cuanto al Teatro Real, las narraciones señalaban que no estaba completamente lleno, “aunque en los palcos por asientos y en el paraíso la concurrencia era muy grande”, destacando entre los asistentes S. M. la Reina Regente, con su madre y la Infante Doña Isabel. El público, en general, presentaba un aspecto distinto del que se ofrecía normalmente en aquella sala, “predominando muchos escritores, aficionados a la música y artistas de los principales teatros de Madrid”. Muy comentado entre los cronistas fue la reticencia de la concurrencia a aplaudir la labor de los artistas, sin duda por hacer “más solemne el acto”. Algunos rotativos declararon que este comportamiento les resultó excesivo, “teniendo sólo justificación si aquellos magníficos acordes hubieran resonado bajo las bóvedas de una iglesia”.

En un momento dado, al pie de una imagen del gran tenor, ubicada en el escenario y colocada sobre un fuste de una columna truncada y entre coronas de laurel y objetos del traje de “Fernando”, como el  hábito, un yelmo, el escudo y una serie de espadas, depositaron coronas fúnebres un amplio comité: La Compañía entera del Teatro Real, comisiones compuestas por directores, actores y actrices de los teatros Español, Comedia, Princesa, Zarzuela y Lara; representaciones de la Escuela Nacional de Música y Declamación de la Sociedad de Escritores y Artistas, del Centro del Ejército y la Armada, los directores y redactores de varios periódicos de la Corte como la Ilustración Española y Americana, y por último, una infinidad de comisiones de los círculos artísticos, científicos y literarios de la Madrid. Esta representación se mostró ante todos, “como una manifestación del arte, de la ciencia, de la prensa y de la literatura, que buscaba rendir un tributo de admiración y respeto ante toda una gloria española”.

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Una amplia representación de asociaciones, corporaciones y círculos homenajearon a Julián Gayarre en el aniversario de su fallecimiento

La recaudación de la función debía ser dedicada según acordó una Comisión, para costear un busto de Gayarre “que debía inmortalizar su recuerdo”, y por otro lado, “a enjuagar las lágrimas de los necesitados en nombre de la caridad”. Conforme manifestó el conde de Michelena, como portavoz de la Comisión General organizadora de esta Función Conmemorativa, el resultado de la venta de localidades había alcanzado la suma de 8200 pesetas. Al temerse que esta cantidad no fuese suficiente para repartirla entre el socorro de los pobres y la escultura de Julián Gayarre, el eminente escultor español Mariano Benlliure, responsable de esculpir la escultura, expuso a través de un telegrama que: “regalaba el busto de Gayarre a fin de que la parte que se destinaba al socorro de los pobres fuese la mayor posible”. El altruista gesto del maestro fue calificado mayoritariamente “como hermoso, noble y elevado”.

La Comisión acordó definitivamente, destinar 5000 pesetas para fines caritativos y el resto del beneficio designado para costear el pedestal y los gastos de la instalación de la talla en el vestíbulo principal del Teatro Real. El 13 de enero de 1892 se verificó la instalación del busto en el foyer del Teatro Real, bajo la atenta mirada de una distinguida concurrencia.

Quisiera terminar el artículo con un fragmento de una hermosa composición realizada  por el dramaturgo y poeta José Jackson Veyan, que condensa muy bien la magnitud del personaje y el sincero duelo que recubrió España:

 A Julián Gayarre:

“¡Nota de arpa celestial! / ¡Eco sublime de amor!/ Himno de gloria eterna / Nació como el ruiseñor / En las selvas del Roncal

Obrero humilde y sencillo/ de un oscuro lugarcillo, / Cantando el hambre distrajo / A los golpes del martillo/ Sobre el yunque del trabajo.

Sintió la noble ansiedad / Del arte, y rompió su encierro/ Con firme seguridad; / ¡Que su dura voluntad / Se formó batiendo hierro!

Al templo del arte fiel/ Voló buscando laurel/ Y dando glorioso ejemplo/ Subió hasta el altar del templo/ Y se hizo adorar en él (…)

¡Ha muerto!/ ¡Su egregia palma le cubre! / ¡Yacen en calma las cuerdas del arpa rotas, / Pero vibrarán sus notas siempre en el fondo del alma!

Se recordará su acento/ Siempre que en amargas cuitas/ Vierta el ave su tormento, / Y siempre que gima el viento/ Entre las flores marchitas (…)

Se oirá su dulce armonía/ Mientras el amor no cese/ y haya un grito de agonía/ y haya una madre que bese/ y haya un hijo que sonría

De esta gloria terrena/Nadie alcanzó tanto igual/ ¡Nunca otra vida mejor!/ ¡Vuelve muerto ruiseñor/ A las selvas del Roncal! (…)

No alcanzó mayor poder/ Ni el César que a un mundo azota/ ¡Tú, ese mundo al recorrer/ Lo venciste en una nota/ Que es más sublime vencer!” 

 José Jackson Veyan

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Placa conmemorativa en la fachada de su residencia

 

Prensa manejada:

La España Artística 1 de enero de 1891

La Iberia 2 de enero de 1891

La época 3 de enero de 1891

La Ilustración Española y Americana 8 de enero de 1891

La Iberia 10 de enero de 1891

Nuevo Mundo 13 de noviembre de 1925

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EL TEATRO DE LA COMEDIA EN LLAMAS. MADRID 1915

 

Un pavoroso incendio asoló en abril de 1915 este magnífico coliseo: “decoraciones, escenario, patio de butacas, todo en fin, lo comprendido entre las cuatro paredes del anfiteatro fue consumido”. La hecatombe fue enorme porque en los almacenes de la sala, se encontraban la práctica totalidad de muebles, tapices y objetos artísticos que servían para la escena. El empresario que gestionaba el recinto el sr. Escudero, que contempló además como se le quemaba parte de su mobiliario particular, calculó las pérdidas en aproximadamente 200.000 pesetas. El carismático propietario que ponía en escena las obras “con todo lujo y propiedad”, compraba de su bolsillo casi todo el mobiliario y atrezzo. Incomprensiblemente no tenía asegurado nada de sus posesiones.

Incendio Teatro

“La sala del Teatro de la Comedia vista desde el escenario, después del formidable incendio que destruyó completamente el edificio en la madrugada del 18 de abril. Había sido inaugurado en 1875 y estaba considerado entre los más bellos, cómodos y elegantes de la capital, amén del “más simpático y familiar”

Durante 24 horas Tirso Escudero permaneció impasible junto al teatro: “No acertaba a separarse de aquellos humeantes escombros, entre los que se había consumido en breves horas todo el producto del trabajo de muchos años. Envuelto en una vieja capa azul, única prenda que le ha quedado de su vestuario; con el sombrero caído hacia atrás, contemplaba con aparente serenidad los trabajos de extinción, atendiendo al mismo tiempo a los muchísimos amigos e innumerables periodistas que acudían a interrogarle”.

 Sala destruida

 “Aspecto de la sala y del escenario pasadas unas horas del inicio del fuego”

Además del dueño, la actriz Mercedes Pérez de Vargas fue la artista de la Comedia que mayor pérdida sufrió en el fuego. Cuando se entró de lo ocurrido se dirigió a la calle del Príncipe. Una vez allí y “venciendo la resistencia que le oponían cuantos le acompañaban, penetró en el lugar del siniestro”. La impresión que sufrió la notable actriz frente a aquellos enormes montones de escombros, todavía humeantes,  fue tan grande que cayó víctima del desmayo. Las pérdidas materiales sufridas por la eminente comediante ascendieron a unas 12000 pesetas entre trajes, alhajas, objetos de plata del tocador y un magnífico espejo.

La colosal consternación padecida entre los madrileños ante esta adversidad provocó que rápidamente al tener noticia del siniestro, “corriese hacia el lugar donde antes ocupaba la elegante y confortable sala de teatro, la multitud que tantas emociones de arte ha recibido en aquel coliseo (…) Ciertamente, ha sido la de la Comedia una muerte que todo Madrid deplora en el alma”

Calle del Príncipe 

“Aspecto de la calle del Príncipe frente a la puerta de entrada del Teatro al comenzar los trabajos de extinción del coliseo”

¿Pero dónde, cuándo y por qué se inició el fuego? Nada de eso se sabía “a punto fijo”. El Liberal subrayó que “la impresión dominante es que debió iniciarse al poco de haber terminado la última función”. La causa pudo ser un cortocircuito localizado en el guardamuebles del servicio de escena, sito en el fondo del escenario.

A continuación, “sordamente debió de ir trabajando el fuego hasta apoderarse de las decoraciones colgadas, extendiéndose a los telares,  bambalinas y saliendo a la sala por el boquete del escenario. Establecido el tiro de aire con la sala, pronto se adueñó de la techumbre, derribando con gran estrépito la armadura. A consecuencia del ruido originado por el derrumbamiento se percató el sereno de la calle del Príncipe, éste se apresuró franquear la puerta y observó lo que ocurría: la sala de espectáculos estaba convertida en una inmensa hoguera”. En definitiva, un auténtico desastre.

 

Bomberos

“Numerosos bomberos acudieron al lugar para sofocar el incendio. Dos de ellos acabaron gravemente heridos”.

 Bomberos actuando desde azotea próxima

“Miembros del Cuerpo de bomberos desplegados en las fachadas colindantes al teatro”.

Fabulosamente y como el ave Fénix, este carismático teatro pudo resurgir de sus cenizas, para presentar entre otros históricos estrenos,  “La venganza de Don Mendo” apenas tres años después.

Fuentes manejadas:

El Imparcial 19 de abril de 1915

El Liberal 19 de abril de 1915

El País 19 de abril de 1915

Mundo Gráfico 21 de abril de 1915

La Ilustración Española y Americana 22 de abril de 1915

Nuevo Mundo 24 de abril de 1915

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LA PLACA DE LA PUERTA DEL SOL

En un artículo que me fue publicado en el Diario Digital Siglo XXI, “A nuestros Héroes de Baler”, enfatizaba la insensibilidad, apatía y hasta me atrevería decir desprecio, que secularmente mostramos en España, hacia los grandes personajes y acontecimientos de nuestra historia. Paradigmático de esta circunstancia fue el homenaje que el Congreso estadounidense tributó hace unos meses, al insigne político y militar español Bernardo de Gálvez. Hablamos de una figura que luce resplandeciente en el Olimpo de prohombres de la historia de los Estados Unidos y que en España es totalmente desconocido.

Para plasmar esta desazón me serví de un sintomático artículo publicado en 1899 por el antiguo diario El País, que narraba la triste llegada de los últimos soldados españoles de Filipinas. Repasemos de nuevo el texto:

“Fuisteis bravos, tenaces, épicos y sublimes. Grecia habría colocado, en esas costas del Pacífico, rumorosas y centelleantes conchas y caracolas, pedrerías de los mares tropicales y un león de piedra erguido y formidable, mirando a los Estados Unidos, como el león de las Termópilas miraba a Persia.

Roma habría Transportado de Egipto un monolito, y en él habría hecho inscribir en magnífico latín, digno de Tácito, vuestro elogio consagrado a la inmortalidad. Inglaterra, habría puesto vuestros nombres a cien calles de sus ciudades y veinte estatuas recordarían en Londres, vuestro heroísmo.

Francia, os prepararía un recibimiento babilónico cubriendo de flores las calles, abrazándoos delirantes de entusiasmo los hombres, enviándoos besos las mujeres, cantando vuestras glorias muchedumbres electrizadas.

España… España enviará al muelle de Barcelona el brillante cuerpo de Guardias de Consumos, por si traen los héroes de Baler algún género de contrabando ¡Claro que lo traen! ¡Porque el corazón de esos valerosos resulta ya contrabando en esta tierra!”

 

Sin embargo estaba equivocado. Era un escéptico. En España sí que sabemos reconocer las grandes acciones de nuestros compatriotas ¿Por qué digo esto ahora? Rectifico porque la Junta del Distrito Centro de la capital, ha aprobado recientemente la instalación de una placa situada en la Puerta del Sol para honrar…

No a los componentes de la “Real Expedición Filantrópica de la Vacuna” de cuyo periplo manifestara Alexander von Humboldt que se trata del viaje más memorable en los anales de la historia. Tampoco a los héroes de Bailén, Arapiles o San Marcial. Ni a la Juntas Municipales o Provinciales y demás defensores de la libertad y de la soberanía nacional que se levantaron en repetidas ocasiones en nuestro país, a lo largo del agitado siglo XIX. Ni a los caídos en Castillejos, Tetuán, la Conchinchina, el Callao, Puerto Rico, Santiago, Cavite, Melilla, Barranco del Lobo, Annual o Alhucemas entre otros relevantes episodios de la historia española contemporánea. No, no se rendirá tributo a ninguno de los protagonistas de estos lances. Porque la placa que pretende ser ubicada junto al distintivo que honra a los valientes del 2 de mayo y a las víctimas del 11-M, busca en palabras del Ayuntamiento: “¡Ser un reconocimiento del pueblo de Madrid al Movimiento 15- M!”  ¡Albricias!… A partir de ahora tendré que reconocer que los españoles sí que sabemos reconocer los episodios heroicos de la historia de nuestro país…

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LA INAUGURACIÓN DEL PRIMER TRANVÍA. MADRID 1871

Tranvía inauguración

 “Pocas palabras emplearemos para explicar el grabado, que representa la llegada a la estación del barrio de Salamanca, de los elegantes y cómodos coches de tranvía” La Ilustración Española y Americana

La inauguración del servicio de tranvías de Madrid con coches arrastrados por mulas, era un ejemplo más de los profundos cambios, que se estaban llevando a cabo en una ciudad encaminada a transformarse en una capital moderna. Un claro signo de esta metamorfosis, era la adopción del Ensanche, el elegante barrio de Salamanca “escaparate de las clases burguesas”, como el escenario del inicio de la nueva línea de tranvía, que tras recorrer las calles Serrano, Alcalá y la Puerta del Sol, finalizaría el viaje en el barrio de Pozas (parte del actual barrio de Argüelles). A partir de este momento “los tranvías, heraldo de los nuevos tiempos, comenzarán a surcar las calles recién abiertas y pobladas de nuevos y lujosos edificios”.

En el espacioso local que servía de depósito de carruajes del sector del Ensanche, se sirvió un “espléndido” almuerzo surtido por Lhardy. Se dispuso a tal efecto una extensa mesa en forma de herradura, “adornada con mucho gusto”. El local fue tapizado con los colores nacionales, con guirnaldas, escudos de armas y banderas españolas e inglesas, país este último del cual procedía la mayor parte del capital aportadoEl número de invitados ascendió a 200 asistentes, pertenecientes al ámbito empresarial, financiero, industrial, periodístico, castrense y político, los cuales después de escuchar las protocolarias alocuciones de las autoridades, brindaron con entusiasmo por el Marqués de Salamanca, a quien tanto, decían, “debía la industria”

La Ilustración Española y Americana, 15 de junio de 1871

El imparcial, 1 de junio de 1871

El Ensanche de Madrid. Historia de una Capital. Borja Carballo, Rubén Pallol y Fernando Vicente

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LA COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA DEL BANCO DE ESPAÑA. MADRID 1884

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Con gran expectación se llevó a cabo la colocación de la primera piedra del Banco de España, aquel mes de julio de 1884. Todas las crónicas coinciden en señalar el “majestuoso golpe de vista, que ofrecía el espacio escogido para la ceremonia”. En primer lugar, por la numerosísima y distinguida concurrencia que se congregó: la Familia Real, altos dignatarios de la Corte y del Estado, y por supuesto el Director General del Banco de España con su Consejo de Administración en pleno. Una compañía de música tributaba a los invitados al presentarse, “los honores propios de su jerarquía”. La Iglesia también tuvo un papel preponderante, la primera piedra fue bendecida por el Exmo. Sr. Patriarca de las Indias, siendo asistido por el clero de la parroquia de San José.

Pero lo más reseñado, fueron los elementos escogidos para el ornato del emplazamiento, una elección “poco común” por “el gusto y la elegancia”. Todo el perímetro que abarcaba el solar del derruido Palacio de Alcañices, entre la Calle Alcalá y el Paseo del Prado, “aparecía vistosamente adornado con banderas y gallardetes, guirnaldas de flores y macetas de lozanas plantas y otros emblemas de fiesta”. De todos los accesorios destacaron las 3 “elegantísimas tribunas, destinadas a las más altas autoridades, decoradas con ricos tapices y cortinajes de damasco y terciopelo, guarnecido de franjas de oro”.

La Ilustración Española y Americana, 15 de julio de 1884

Revista de la Sociedad Central de Arquitectos, 10 de julio de 1884

Diario Oficial de Avisos de Madrid, 5 de julio de 1884

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ATENTADO CONTRA ALFONSO XII. MADRID 1878

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“Madrid presenció un atentado infame digno de los cafres, que excitó la indignación de todas las conciencias honradas” El Siglo Futuro

En octubre de 1878 se produjo el primero de los 2 atentados que sufrió Alfonso XII. El Rey se encontraba desfilando por las calles de Madrid tras su periplo por tierras del norte de España, y cuando transitaba la comitiva por la calle Mayor, se produjo el fatal suceso. Así es relatado el incidente por la prensa de la época:

 “Entre una multitud avanzó un joven que se hallaba frente a la farmacia del doctor Moreno, disparando súbitamente sobre el soberano con una pistola Lefaucheux de 2 cañones (…) Sea por turbación o porque alguno de los que le rodeaban le dio en el brazo, el disparo fue bajo y la bala fue a dar en la mano de un soldado que estaba en la línea de enfrente (…) S.M. el Rey, que oyó la detonación y vio el fogonazo, detuvo su caballo un momento, señaló el sitio de donde había partido el disparo, y continuó tranquilamente la marcha (…) El regicida dejó caer el arma al suelo y enseguida se vio rodeado de soldados y de varios agentes de orden público”

Apresuradamente se publicaron perfiles del terrorista. Su nombre, Juan Oliver Moncasi era oriundo de Tarragona y de profesión tonelero. Aparentaba “poco más de 20 años”, tenía una comprensión “delgada”, lucía “poco bigote”  y  guardaba “buen color de piel”. Estaba casado y tenía una hija de corta edad. Se destacaba su frialdad e insensibilidad: “su aire es muy resuelto y mira con descaro y desdén a las gentes que en él se fijan” (…) El reo confesó sin rebozo su delito, declarando que es internacionalista, y que hacía 4 días que había venido de Tarragona para cometer el delito”. Finalmente en enero de 1879 fue ejecutado mediante garrote vil.

Lo más reseñado y aplaudido fue la actuación del Rey, destacándose su aplomo y serenidad: “El Rey sin inmutarse, volvió la cabeza hacia el sitio en que se había cometido el delito y prosiguió su camino saludando con la sonrisa en los labios a las personas que le vitoreaban. -Nada, no es nada- exclamaba mientras marchaba tranquilamente a Palacio”. Manifestaría solemnemente que, “este hecho no le hacía dudar de la lealtad y adhesión del pueblo español en lo más mínimo”. Como muestra de aflicción no hubo esa noche iluminación en los edificios públicos

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Al día siguiente el Rey acudió a la Basílica de Atocha a dar gracias a la Virgen

La Iberia 26 de octubre de 1878

El Siglo Futuro 26 de octubre de 1878

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