HOMENAJE A JULIÁN GAYARRE EN EL PRIMER ANIVERSARIO DE SU MUERTE. MADRID 1891

 

 

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En primer término el Teatro Real y, al fondo de la ilustración, el domicilio del artista

Con motivo del primer aniversario del fallecimiento de Julián Gayarre, se oficiaron en Madrid dos sobresalientes ceremonias para honrar al insigne artista. El primer acto tendría un carácter religioso y se desarrollaría en la entonces Catedral de San Isidro, “celebrándose honras fúnebres por el eterno descanso del finado, en las que se cantaría la Misa de Requiem del maestro Eslava”. La segunda gran ceremonia se constataría en el Teatro Real,“verdadero teatro de los triunfos más espléndidos del malogrado cantante, ejecutándose la Misa de Requiem del maestro Verdi, y la introducción del acto cuarto de la Ópera La Favorita”.

Las paredes del templo de San Isidro aparecieron severamente enlutadas, mientras que una serie de candiles ardían en las capillas, ofreciendo al sagrado recinto “un aspecto imponente”. En el centro de la gran nave se habían colocado dos filas de bancos cubiertas de paños negros, y dando frente al altar las poltronas que debían ocupar los deudos del artista. Entre estos bancos tomaron asiento un buen número de ilustres personajes, entre los que se distinguía a Emilio Castelar. El resto del espacio se vio ocupado por multitud de personas, “perteneciendo en su mayoría a clases modestas de la sociedad, que acudieron a rogar a Dios por el eterno descanso del virtuoso”. Por cierto no fue la Colegiata de San Isidro el único recinto religioso en el que se imploró por el alma del artista, también se sumaron a la ofrenda, la de Santiago, en cuya parroquia falleció el artista navarro, y la iglesia de la Encarnación.

En cuanto al Teatro Real, las narraciones señalaban que no estaba completamente lleno, “aunque en los palcos por asientos y en el paraíso la concurrencia era muy grande”, destacando entre los asistentes S. M. la Reina Regente, con su madre y la Infante Doña Isabel. El público, en general, presentaba un aspecto distinto del que se ofrecía normalmente en aquella sala, “predominando muchos escritores, aficionados a la música y artistas de los principales teatros de Madrid”. Muy comentado entre los cronistas fue la reticencia de la concurrencia a aplaudir la labor de los artistas, sin duda por hacer “más solemne el acto”. Algunos rotativos declararon que este comportamiento les resultó excesivo, “teniendo sólo justificación si aquellos magníficos acordes hubieran resonado bajo las bóvedas de una iglesia”.

En un momento dado, al pie de una imagen del gran tenor, ubicada en el escenario y colocada sobre un fuste de una columna truncada y entre coronas de laurel y objetos del traje de “Fernando”, como el  hábito, un yelmo, el escudo y una serie de espadas, depositaron coronas fúnebres un amplio comité: La Compañía entera del Teatro Real, comisiones compuestas por directores, actores y actrices de los teatros Español, Comedia, Princesa, Zarzuela y Lara; representaciones de la Escuela Nacional de Música y Declamación de la Sociedad de Escritores y Artistas, del Centro del Ejército y la Armada, los directores y redactores de varios periódicos de la Corte como la Ilustración Española y Americana, y por último, una infinidad de comisiones de los círculos artísticos, científicos y literarios de la Madrid. Esta representación se mostró ante todos, “como una manifestación del arte, de la ciencia, de la prensa y de la literatura, que buscaba rendir un tributo de admiración y respeto ante toda una gloria española”.

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Una amplia representación de asociaciones, corporaciones y círculos homenajearon a Julián Gayarre en el aniversario de su fallecimiento

La recaudación de la función debía ser dedicada según acordó una Comisión, para costear un busto de Gayarre “que debía inmortalizar su recuerdo”, y por otro lado, “a enjuagar las lágrimas de los necesitados en nombre de la caridad”. Conforme manifestó el conde de Michelena, como portavoz de la Comisión General organizadora de esta Función Conmemorativa, el resultado de la venta de localidades había alcanzado la suma de 8200 pesetas. Al temerse que esta cantidad no fuese suficiente para repartirla entre el socorro de los pobres y la escultura de Julián Gayarre, el eminente escultor español Mariano Benlliure, responsable de esculpir la escultura, expuso a través de un telegrama que: “regalaba el busto de Gayarre a fin de que la parte que se destinaba al socorro de los pobres fuese la mayor posible”. El altruista gesto del maestro fue calificado mayoritariamente “como hermoso, noble y elevado”.

La Comisión acordó definitivamente, destinar 5000 pesetas para fines caritativos y el resto del beneficio designado para costear el pedestal y los gastos de la instalación de la talla en el vestíbulo principal del Teatro Real. El 13 de enero de 1892 se verificó la instalación del busto en el foyer del Teatro Real, bajo la atenta mirada de una distinguida concurrencia.

Quisiera terminar el artículo con un fragmento de una hermosa composición realizada  por el dramaturgo y poeta José Jackson Veyan, que condensa muy bien la magnitud del personaje y el sincero duelo que recubrió España:

 A Julián Gayarre:

“¡Nota de arpa celestial! / ¡Eco sublime de amor!/ Himno de gloria eterna / Nació como el ruiseñor / En las selvas del Roncal

Obrero humilde y sencillo/ de un oscuro lugarcillo, / Cantando el hambre distrajo / A los golpes del martillo/ Sobre el yunque del trabajo.

Sintió la noble ansiedad / Del arte, y rompió su encierro/ Con firme seguridad; / ¡Que su dura voluntad / Se formó batiendo hierro!

Al templo del arte fiel/ Voló buscando laurel/ Y dando glorioso ejemplo/ Subió hasta el altar del templo/ Y se hizo adorar en él (…)

¡Ha muerto!/ ¡Su egregia palma le cubre! / ¡Yacen en calma las cuerdas del arpa rotas, / Pero vibrarán sus notas siempre en el fondo del alma!

Se recordará su acento/ Siempre que en amargas cuitas/ Vierta el ave su tormento, / Y siempre que gima el viento/ Entre las flores marchitas (…)

Se oirá su dulce armonía/ Mientras el amor no cese/ y haya un grito de agonía/ y haya una madre que bese/ y haya un hijo que sonría

De esta gloria terrena/Nadie alcanzó tanto igual/ ¡Nunca otra vida mejor!/ ¡Vuelve muerto ruiseñor/ A las selvas del Roncal! (…)

No alcanzó mayor poder/ Ni el César que a un mundo azota/ ¡Tú, ese mundo al recorrer/ Lo venciste en una nota/ Que es más sublime vencer!” 

 José Jackson Veyan

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Placa conmemorativa en la fachada de su residencia

 

Prensa manejada:

La España Artística 1 de enero de 1891

La Iberia 2 de enero de 1891

La época 3 de enero de 1891

La Ilustración Española y Americana 8 de enero de 1891

La Iberia 10 de enero de 1891

Nuevo Mundo 13 de noviembre de 1925

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