LA ESPAÑA “SIN PULSO” 2.0

Cada día los españoles tenemos que despertar con una profusión de desgracias y tropelías que provocan entre la gente, una ola de indignación, desesperanza, desánimo y lo que es peor: desidia o indiferencia. Muchos observadores trazan un paralelismo con lo vivido en la sociedad española en el período inmediatamente posterior al Desastre del 98.

Para atestiguar lo expresado quiero en este post, mostrar 2 interesantes artículos: el célebre “La España sin pulso” redactado por Francisco Silvela en el Tiempo, y un significativo y rotundo artículo aparecido en el diario El País (Madrid 1887-1921) sobre los Héroes de Baler, que advierte el fracaso del liberalismo decimonónico español a la hora de construir un estado nación equiparable al de otros países de Europa, y cuyas secuelas arrastramos en la actualidad. Seguro que podemos rastrear en ellos elementos  y actitudes propios de nuestro tiempo.

Tras el Desastre: España “sin pulso”

“Varones ilustres, ¿hasta cuándo seréis de corazón duro? ¿Por qué amáis la vanidad y vais tras la mentira?”  Isaías, Salmo IV

Quisiéramos oír esas o parecidas palabras brotando de los labios del pueblo, pero no se oye nada, no se percibe agitación en los espíritus, ni movimientos en las gentes.

Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal, discurrirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios, pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención a asuntos públicos observa este singular estado de España: donde quiera que se ponga el tacto, no se encuentra el pulso.

Monárquicos, republicanos, conservadores, liberales, todos los que tengan algún interés en que este cuerpo nacional viva, es fuerza se alarmen y preocupen con tal suceso. Las turbulencias se encauzan: las rebeldías se reprimen, hasta las locuras se reducen a la razón por la pena o por el acertado régimen, pero el corazón que cesa de latir y va dejando frías e insensibles todas las regiones del cuerpo, anuncia la descomposición y la muerte al más lego.

La guerra con los ingratos hijos de Cuba no movió una sola libra del sentimiento popular. Hablaban con elocuencia los oradores en las Cámaras de sacrificar la última peseta y derramar la postrera gota de sangre… de los demás, obsequiaban los Ayuntamientos a los soldados, que saludaban y marchaban sumisos, trayendo a la memoria el Ave César de los gladiadores romanos; sonaba la marcha de Cádiz, aplaudía la prensa, y el país, inerte dejaba hacer. Era, decíamos, que no interesaba su alma en una lucha civil, una guerra contra la naturaleza y el clima, sin triunfos y sin derrotas.

Se descubre más tarde nuestro verdadero enemigo; lanza un reto brutal; vamos a la guerra extranjera; se acumulan en pocos días, en breves horas, las excitaciones más vivas de la esperanza, de la ilusión, de la victoria, de las decepciones crueles, de los descontentos más amargos, y apenas si se intenta en las arterias del Suizo y de las Cuatro Calles una leve agitación  por el desgastado procedimiento de las antiguas recepciones y despedidas de andén de los tiempos heroicos del Sr. Romero Robledo.

Se hace la paz, la razón la aconseja, los hombres de sereno juicio no la discuten; pero ella significa nuestro vencimiento, la expulsión de nuestra bandera de las tierras que descubrimos y conquistamos, todos ven que alguna diligencia más en los Caudillos, mayor previsión en los gobiernos hubieran bastado para arrancar algún momento de gloria para nosotros, una fecha o una victoria en la que descansar de tal universal decadencia y posar los ojos y los de nuestros hijos con fe en nuestra raza. Todos esperaban o temían algún estremecimiento de la conciencia popular; sólo se advierte una nube general de silenciosa tristeza que presta como un fondo gris al cuadro, pero sin alterar vidas, ni costumbres, ni diversiones, ni sumisión al que, sin saber por qué ni para qué, le toque ocupar el Gobierno.

LOS HÉROES DE BALER

El País saluda a los héroes de Baler, que se han embarcado para España y les dice:

“Fuisteis bravos, tenaces, épicos, sublimes. Grecia habría colocado en esas aguas del Pacífico, rumorosas y centelleantes conchas y caracolas, pedrerías de los mares tropicales y un león de piedra erguido y formidable, mirando a los Estados Unidos como el león de las Termópilas miraba a Persia. Roma habría transportado de Egipto un monolito, y en él habría hecho inscribir en magnífico latín, digno de Tácito, vuestro elogio consagrado a la inmortalidad. Inglaterra habría puesto vuestros nombres a cien calles de sus ciudades y veinte estatuas recordarían el Londres vuestro heroísmo. Francia os prepararía un recibimiento babilónico, cubriendo de flores las calles, abrazándoos delirante de entusiasmo los hombres, enviándoos besos las mujeres, cantando vuestras glorias muchedumbres electrizadas…”

España…

España enviará al muelle de Barcelona el brillante cuerpo de guardias de Consumos, por si traen los héroes de Baler algún género de contrabando… ¡Qué lo traen! ¡Porque el corazón de esos soldados valerosos resulta ya contrabando en esta tierra!

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