EL CARNAVAL A FINALES DEL XIX. MADRID

Imagen

Las fiestas de Carnaval han encarnado tradicionalmente, uno de los entretenimientos de más arraigo en la capital, es ellos “todo es vida y animación” se dirá. La cabalgata carnavalesca representaba siempre uno de los principales atractivos del programa. La pasión y la alegría se desbordaban por las calles, efectuándose verdaderas batallas de serpentinas y confetis al paso de las vistosas carrozas: “A primera hora de la tarde era numeroso el gentío que bajando por la calle de Alcalá, iba a ocupar los paseos del Prado, Recoletos, la Castellana, y la plaza de la Independencia (…) En Recoletos se peleaba con verdadero furor. Apenas había coche desde el que no saliera la abundante tira de papel de colores. Muchas señoras desaparecían bajo la lluvia de confeti (…) Entre los carruajes, carrozas y tribunas se han librado encarnizadas batallas, en las que peleaban con ardor, y a veces con éxito, hermosas y distinguidas combatientes. En los carruajes puede decirse que se hallaba el todo Madrid de las fiestas y salones. En carruaje descubierto han paseado SS.AA, las infantas D. Isabel y D. Eulalia… no hay que decir que sus coches eran al pasar por delante de las tribunas de los clubes, blanco principal”.

Curiosamente estas “encarnizadas contiendas” podían trasladarse a cualquier contexto, por ejemplo en los teatros, donde no era infrecuente la “lucha encarnizada” entre los espectadores que ocupaban sus respectivas butacas. En ocasiones, el furor y la vehemencia de algunos concurrentes podía causar incidentes desagradables, como ocurrió en 1901 en el Apolo: “Los morenos de los palcos arrojaban con tanta furia los mencionados proyectiles, que dieron lugar a un monumental escándalo, a causa del cual estuvo a punto de suspenderse la representación de la popular zarzuela “Agua, azucarillos y aguardientes”. La señorita Brú recibió un golpe en la cara con una serpentina arrojada desde un palco, que la produjo gran disgusto y bastante daño. Los espectadores formales protestaron ruidosamente esta agresión. El teatro de la calle Alcalá parecía una plaza de toros en martes de carnaval”.

Un elemento consustancial al período carnavalesco lo constituían los bailes de máscaras: “en cuanto pasa la Navidad, todos los jóvenes atolondrados, piensan con verdadera alegría en los bailes de máscaras”.  Teatros, círculos, clubes, sociedades y hotelitos aristocráticos rivalizaban por regalar los más originales y espléndidos bailes, verdaderos espectáculos que podían extenderse  durante toda la noche. Frecuentemente, al acceder al recinto, se obsequiaba a las señoras con una máscara, y con un sobre que contenía una contraseña que daba opción a regalos, como: espejos, panderetas o vitelas pintadas por verdaderos artistas.

Imagen

 

A pesar de todo lo apuntado, diversos cronistas observan un acusado descenso del interés ciudadano en estos festejos. En La Ilustración Española y Americana (1889) se subraya que: “La proximidad del Carnaval no suscita curiosidad alguna. La generalidad del público matritense teme su llegada, no espera con cariño el Carnaval, que sólo les promete incomodidades, interrupción del tránsito, exhibición de groserías, acaso alguna broma inculta, peticiones de dinero y la interrupción de la vida a que cada cual se halla acostumbrado”. En El Liberal (1891) podemos leer lo siguiente: “La fiesta ha decaído visiblemente y ha venido a ser una fiesta olvidada, que sólo tiene su celebración en el calendario. En Madrid ya se ve en lo que ha venido a parar, en una exhibición tosca y ridícula de máscaras”. Otro articulista en el Nuevo Mundo (1895) reflejaba el enorme esfuerzo de las autoridades, para realzar la fiesta: “Madrid se anima; el carnaval próximo promete ser brillante. La batalla de las flores en el Retiro, los premios que se adjudicarán, la retreta militar, el globo iluminado, son atractivos, más que suficientes, para que acuda el público y la gente se anime. Es justo hacer algo para revivir los carnavales, que de seguir por el camino que llevaban, pronto desaparecerán”.

Con todo, y a pesar del denuedo por engrandecer la fiesta, desde el consistorio, y desde diferentes asociaciones y organizaciones de comerciantes, se evidenciaba como finalmente aconteció en aquel año de 1895, que la tarea iba a ser muy ardua: “¡Buen Carnaval el de este año! No le han faltado lagunas para parecerse al de Venecia, y si no ha habido lluvia de confeti y de flores, como en Niza, ha caído torrentes de agua (…) Se quiere reanimar al decaído carnaval, y las nubes se declararon en contra aguando la fiesta. Aunque si el Carnaval de las calles ha sido sucio, el de los salones ha sido tristísimo, ni un solo baile grande en toda la temporada, ni siquiera en los días de carnestolendas, tan animados otras veces, que no se sabía a cual fiesta asistir, de las muchas que se celebraban”. Aunque señala este cronista, que el motivo principal del creciente desinterés, haya que buscarlo en la falta de dinero, “elemento indispensable de toda diversión”, y no en la ausencia de alegría.

Del mismo modo, estos cronistas inciden en este aspecto de la decadencia, cuando relatan el desarrollo de otras fiestas tradicionales: “La romería de San Isidro no es ya lo que era. Yo recuerdo que cuando era joven, y ya ha llovido, Madrid el día de San Isidro quedaba desierto. La población entera se trasladaba a la pradera, después de un paseo en coche o a pie por caminos polvorientos e intransitables (…) Pero no parece sino que a medida que nos vamos democratizando, van perdiendo su carácter las fiestas populares”.

 

 

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s