LA APUESTA DEL SEÑOR BARGOSSI. MADRID 1882

En agosto de 1882 se verificó un curioso espectáculo en la plaza de toros de Madrid. Un corredor italiano, el señor Bargossi retaba a una carrera a un caballo que sería montado por D. Antonio Alaez. La prueba se establecía en círculos, y el velocista se comprometía a pagar 2000 reales a su rival en caso de derrota. El reglamento determinó la duración máxima del certamen en 3 horas, y la obligación del caballo de ir siempre al trote, sin pararse ni galopar. Además, la mujer y el hijo del corredor “obsequiarían” al público asistente con una carrera de 17 vueltas, como antesala del gran reto entre hombre y caballo.

Aproximadamente 10000 espectadores, y un jurado compuesto de varios redactores de periódicos de la capital, asistieron al acontecimiento. La primera parte de éste consistió como indiqué más arriba, en la carrera de exhibición efectuada entre la mujer y el hijo del Sr. Bargossi. Realizaron las 17 vueltas estipuladas en 14 minutos, y a la conclusión, el jurado agasajó a la señora con un brazalete de oro, y a su hijo, con 2 cajas de dulces. La afición quedó entusiasmada, subrayando las crónicas la acción de “2 aficionados al culto de Baco”, que ofrecieron a la “carrerista” una bota de vino de Valdepeñas, que aceptó entre aplausos del público.

A continuación, la carrera entre el italiano y el jinete se extendió durante 2 horas, no siendo necesario continuar debido a que la noche se echaba encima, y además el jinete había lanzado varias veces al galope a su caballo e incluso el equino se había detenido en alguna ocasión. Durante la carrera no dejaron de escucharse “aplausos y silbidos que servían ya de aliento ya de censura, tan pronto al uno como al otro de los contendientes, según quien era el que se adelantaba al contrario, o conforme a las simpatías que el público despertaba alternativamente a cualquiera de los contendientes”. En virtud del reglamento, el fallo del jurado no podía ser otro que el de dar por vencedor a Bargossi, aunque éste había computado 3 vueltas menos. Los comentarios reflejaban los escasos síntomas de fatiga de Bargossi, que expresó cierto disgusto por no poder seguir compitiendo, demostrando una vez más que “es un andarín de primera fuerza y de una resistencia a toda prueba”. Del mismo modo, se subrayaba que el jinete había demostrado un “extraordinario aplomo”.

El Liberal: 24 y 25 de agosto de 1882

La Época: 24 y 25 de agosto de 1882

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