EXALTACIÓN PATRIÓTICA. MADRID 1883

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 “La manifestación que hoy ha tenido lugar, 2 de octubre de 1883, con motivo de la entrada de S. M. el Rey en Madrid, ha sido tan importante, tan imponente, que ha de dejar marcada su fecha en nuestra historia” La Correspondencia de España

 “La recepción que hizo el pueblo de Madrid, primero a la Reina y luego a su esposo, fueron indemnizaciones espléndidas de aquella sinrazón. La acogida hecha a la dama fue conmovedora, galante y entusiasta: las lágrimas que corrían por sus ojos dirán si exageramos. La entrada de D. Alfonso fue imponente: rara vez se ha visto una columna de gente tan compacta y formidable como la que acompañó al carruaje. Parecía que éste en vez de rodar, iba levantado a pulso por aquella muchedumbre (…) Luego el pueblo invadió el Palacio Real, y por primera vez en España, pisó aquellos salones, violando la etiqueta. Allí había republicanos, carlistas y muchos indiferentes. Madrid sentía correr por sus venas oleadas de sangre joven”. La Ilustración Española y Americana

El motivo de este enardecimiento patriótico fue el propósito general de resarcir al monarca, por el mal trato y el rechazo que había sufrido en su estancia en París, “injuriosa y brutal recepción”, tras su periplo por tierras centroeuropeas: “La dignidad, (se declaraba), de la Patria ha sido ultrajada por una turba de franceses en la persona de nuestro monarca, y era necesario demostrar con un acto tan imponente como el de hoy, que los españoles sabemos prescindir de luchas políticas y de divisiones doctrinarias, cuando se trata de defender la honra nacional”. Muchos franceses se encontraban molestos con el Rey español, porque consideraban una provocación las acciones llevadas a cabo por el soberano en Alemania, un viaje que en principio tenía un carácter comercial, pero que abarcó otros actos que podrían resultar delicados, como la asistencia del Rey a una serie de maniobras llevadas a cabo por el Ejército alemán, o su consentimiento para ser nombrado coronel honorario de un regimiento de hulanos de la guarnición de Alsacia, acciones  que irritaron enormemente a la opinión pública francesa, habida cuenta del reducido tiempo transcurrido del desastre francés en Sedán.

D. Alfonso había llegado a la estación de París procedente de Bruselas el 29 de septiembre, allí fue recibido además de por el embajador español, por el Presidente de la República francesa, Mr. Grevy y por diferentes miembros del gabinete francés, destacando la ausencia del ministro de Guerra, que se excusó por sufrir una repentina enfermedad. Tras la escueta recepción oficial de apenas 5 minutos, empañada por los gritos y silbidos propinados por el numeroso público congregado mientras sonaban los acordes de los himnos, el soberano se dirigió, escoltado por la caballería, rumbo a la embajada de España. En el trayecto, “miles de individuos apiñados en las calles” lanzaban sus “andanadas de silbidos y de mofa” a todos los carruajes de la comitiva, algunos ocupados “por oficiales españoles perfectamente uniformados”, incluso una señora le tiró una sombrilla al Rey, que afortunadamente no le alcanzó. El grito que más se escuchaba era el de: “¡Abajo el Rey hulano!”. Posteriormente, el Rey resolvió con firmeza tomar 2 significativas decisiones: dar un paseo por las calles de París sin escolta, y conminar al gobierno francés a dar explicaciones por todo lo vivido.

Esta determinación fue muy ensalzada en España, así como la inacción e indolencia de las autoridades francesas para reprimir los altercados: “La conducta de D. Alfonso no pudo ser más digna. El acto de despedir la escolta inútil que se ponía a su disposición y pasear sin ella por las calles de París. Su actitud enérgica anunciando que se retiraba con su embajador, reclamando, exigiendo y obteniendo que se hicieran públicas las explicaciones que le dio el Presidente de la República. Y sobre todo su marcha de Francia sin jactancia ni timidez, después de haber demostrado, en su paseo por las calles de París, que no temía por su persona, y que no confundía al pueblo francés con los alborotadores de la estación” (…) En contraposición a esta actuación el griterío popular, la debilidad inexplicable del gobierno francés, la conducta anómala del Ministro de Guerra, los insultos de parte del periodismo francés, que han provocado en Europa un efecto repulsivo (…) Agreguemos que los agentes de orden público que asistían a estas escenas vergonzosas, no han creído un solo instante intervenir. Además el gobierno sabía lo que iba a pasar y no ha hecho nada”.

 El Presidente galo reaccionó con tibieza manifestando la imposibilidad del gobierno en poder castigar a los provocadores, porque: “desgraciadamente nuestras leyes son impotentes para reprimir semejantes manifestaciones”, y para desagraviar a su invitado, el soberano fue convocado a un banquete en el Eliseo, ágape al que por cierto  tampoco asistiría el ministro de la Guerra.

De regreso a Madrid, el convoy real era recibido con enorme cariño y entusiasmo por el gentío que se concentraba en las diferentes estaciones por las que transcurría: Burdeos, Bayona, Irún, San Sebastián, Tolosa, Miranda de Ebro, Burgos, Venta de Baños, Dueñas, Valladolid, Ávila, Navalperal, Villalba… Las estaciones españolas fueron engalanadas con flores y banderas, y en las estaciones francesas de Burdeos y Bayona la  numerosa colonia española reunida aclamaba con “enérgicas vivas” a la egregia figura.

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Recepción a Alfonso XII en la estación de San Sebastián, del Norte en Madrid, y en el  Palacio  Real

Madrid presentaba una animación y colorido extraordinario: “En los barrios y en el centro de Madrid, en los hoteles, en las viviendas, en los edificios públicos, en los centros de instrucción y recreo, en todas partes se han adornado los balcones con vistosas colgaduras, que reflejaban la inmensa alegría del nobilísimo pueblo de Madrid, el cual ha querido a la vez protestar solemnemente contra los sucesos de París”. Significativos y patrióticos lemas se veían en numerosos balcones, como por ejemplo en la calle de La Palma: “¡Dos de Mayo de 1808, 29 de septiembre de 1883! ¡Viva la Nación española!” O en la calle Alcalá: “¡Castigo inmediato para los franceses culpables! ¡Qué dure siempre el entusiasmo de hoy! Los colores nacionales se destacaban en la mayor parte de las banderas y colgaduras”

El día 2 de octubre en torno a las 5 de la tarde D. Alfonso XII, “con uniforme de capitán general con la banda de San Fernando”, llegaba a la estación del Norte de la capital. En la terminal esperaban además de una ingente aglomeración de madrileños, el gobierno al completo, consejeros del Estado, diputados, senadores, líderes de los partidos, oficiales del ejército, alto clero, representaciones de diversas corporaciones científicas, artísticas y literarias… “El espectáculo era admirable, la ovación fue delirante”. La comitiva real se puso en marcha, “podría decirse que el landó que ocupaban S.S.M.M. era arrastrado por la multitud”, hacia el Palacio Real, invirtiendo una hora en el trayecto. La algarabía que exhibía la Plaza de Oriente no era menor: “Se brindaba un espectáculo imponente: No se oía más que un viva general. En los árboles, en los coches, en los faroles, se subía la gente, agitando sin cesar los pañuelos”

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 El Rey saludando desde el balcón del Palacio Real

Las crónicas distinguían el fervor de grupos de estudiantes universitarios, comerciantes y círculos que portaban estandartes, banderas y cintas alegóricas. Los comerciantes, que cerraron las tiendas y comercios aquella tarde, y los más conocidos empresarios colaboraron en el ornato de la ciudad. El célebre D. Felipe Ducazcal patrocinó la construcción de un arco triunfal de un solo arco en la calle Bailén, con una inscripción que rezaba: “ ¡Viva España! ¡Viva el Rey de los españoles! Desde el arco hasta la plaza de San Marcial, se colocaron mástiles que portaban carteles con la palabra impresa: “Bailén”

Muy comentado fue la actuación de una agrupación francesa que con brazaletes negros en el brazo, recorrieron las calles  expresando su indignación “contra aquellos que habían faltado al monarca y a los españoles. “¡Viva le roi Alfonso! ¡ Viva l’ Espagne!” Exclamaban

Este suceso descrito de “efervescencia nacional”, no será un episodio aislado en el período de la Restauración,  será el preámbulo de lo que acontecerá en 1885 y 1898, cuando de nuevo el país se echará a la calle, repitiendo acciones semejantes a lo relatado, para impulsar al gobierno, a preservar la soberanía nacional de los territorios ultramarinos, frente a la ambición de alemanes y norteamericanos.

La Correspondencia de España: 30 de septiembre de 1883

La Correspondencia de España: 1,2,3 de octubre de 1883

La Ilustración Española y Americana: 8 de octubre de 1883

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