EL INCENDIO DEL CONVENTO DE LAS SALESAS REALES. MADRID 1915

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“Señores: ésta es una catástrofe verdaderamente nacional, que lamentaremos siempre todos los españoles” Presidente del Consejo García Prieto

“Un espectáculo grandioso e imponente que sobrecogía el ánimo de los más templadosEl Liberal

“Inmensa desgracia es la destrucción, aunque no sea más que en parte, del Palacio de Justicia. Los trastornos gravísimos que ha de originar este siniestro, no podemos alcanzarlos de una ojeada, pero poco a poco nos daremos cuenta de su importancia (…) La hermosa biblioteca del Colegio de Abogados destruída, el archivo perdido en su mayor parte, las riquezas atesoradas incendiadas sin haber podido salvar más que algunas de ellas. Difícil resulta resolver el conflicto; la atención de todos los elementos oficiales y no oficiales debe fijarse en esta desgracia para evitar su repetición, interrumpiendo la marcha de los tribunales. El gobierno tiene la palabra, pero la voluntad del pueblo español también la tiene para en apretado núcleo pedir y ayudar a reconstruir aquel edificio, recuerdo de épocas gloriosas de nuestra querida España, hoy desdichadamente perseguida por la mala estrella” La Esfera

Estas líneas expresan la conmoción sufrida en Madrid y en el resto del país, por el desgraciado incendio que asoló el Tribunal de Justicia, antiguas dependencias conventuales de las Salesas Reales. El fuego devastó además del riquísimo patrimonio artístico, una enorme cantidad de expedientes, legajos y diversa documentación que paralizaron gran número de procesos judiciales. Pero lo más trágico fue la muerte de un secretario de sala, el sr. Armada, el cual en un acto audaz, sorteó la autoridad que le prohibía el paso, y penetró en el edificio con la voluntad de salvar el mayor número de bienes. Su fallecimiento fue calificado por las autoridades como un episodio valiente y heroico, rindiéndole en su funeral merecidos honores. Además, varios bomberos, personal subalterno del Palacio de justicia y efectivos que colaboraron en la extinción del incendio resultaron heridos.

El fuego se inició en las buhardillas situadas en la fachada del reloj, seguramente a consecuencia de una viga quemada por las chispas de alguna chimenea.

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Afortunadamente la iglesia de las Salesas quedó prácticamente intacta, seglares y religiosos lograron guarecer gran número de piezas de arte en las calles del Marqués de la Ensenada, Doña Bárbara de Braganza y las plazas de la Villa de París y las Salesas, ofreciendo el lugar, “el aspecto de un inmenso campamento”.

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También fue muy subrayado en la prensa, el arriesgado rescate del Collar de la Justicia, emblema del Presidente del Tribunal Supremo, y de la suma de 20.000 pesetas en metálico ubicadas en el despacho del Presidente de la Audiencia.

Hay que recordar que no era la primera vez que el inmueble se veía afectado por un incendio, aunque la vez anterior las llamas afectaron exclusivamente a la iglesia, quedando afortunadamente reducido el daño a la cúpula de la nave central, que prontamente fue reconstruida.

La catástrofe originó una agria polémica en la opinión pública, que ponía la lupa en 3 aspectos principales.

  • La exigencia de aumentar los recursos del cuerpo de bomberos.
  • La necesidad de invertir mayor presupuesto en el mantenimiento de los edificios públicos.
  • Replantearse la política de concesión de vivienda al personal auxiliar que trabaja en los edificios públicos.

Sirva como ejemplo un editorial del diario La Época, que enfocaba esta controversia de la siguiente manera: “Por economías mal entendidas y a veces por competencias y recelos entre unos y otros organismos del Estado, es lo cierto que no se tiene con las propiedades de éste, el cuidado que cualquier particular tendría con las suyas. La reconstrucción del Palacio de Justicia costará mucho más de lo que se hubiera invertido en una reparación radical de sus techumbres para sustituir la madera por el hierro, y es menester ahora no subordinar al criterio de las economías caras esa reconstrucción, que ha de aprovecharse para poner en armonía la morada con las funciones augustas que dentro de ella se ejercen.

Invita el siniestro asimismo a pensar en los peligros, cien veces señalados antes de ahora, de la ligereza con que se concede habitación en los edificios públicos al personal subalterno que en ellos sirve. Aun no procediendo el fuego de ninguna cocina en particular: ¿Cómo desconocer que esas viviendas aumentan los combustibles que tan rápidamente hizo presa ayer el nunca mejor llamado voraz elemento? Por caridad imprevisora se da alojamiento incómodo y antihigiénico pero gratuito, a esas modestas familias, excediendo incluso las proporciones de lo que permitiría el local disponible, aun admitiendo que no deban en absoluto prohibirse que habiten en los edificios públicos, más que los responsables de su policía y custodia”

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El rey recorriendo el edificio incendiado, se para ante la imagen de Santa Bárbara

A consecuencia de la catástrofe, y con el fin de advertir de la dimensión del mismo, fueron publicados en los diarios diversos artículos que detallaban la historia de las Salesas, y la excepcionalidad del conjunto artístico: “Fundado por la reina María de Braganza y Fernando VI a mediados del siglo XVIII, el templo de las Salesas, por su elegante forma, por la riqueza de sus materiales y por la preciosidad de su ornato y accesorios, entre los que sobresale el sepulcro de los reyes fundadores, que es sin duda el más ostentoso de Madrid, merece el dictado de obra de arte. El convento podría llevar orgullosamente el título de Palacio Regio (…) Rodeado de jardines y huertas, de los cuales ya no queda ni el recuerdo, al quedar convertido el convento en Palacio de Justicia, era la zona, un verdadero edén según nos refieren los historiadores de la época (…) Aquel lugar de recogimiento realizado según los planos de Fco. Carlier, quedó convertido en un soberbio palacio, al que nada le faltaba: sitio de recreo, celdas ventiladas y sanas, e iglesia espléndida y ricamente alhajada constituían el convento de las salesas (…) Lanzada la comunidad en 1870, el convento aristocrático pasó a ser Palacio de Justicia, y la tranquilidad de los claustros fue turbada por las resonantes voces de los criminales, y por la oratoria más o menos elocuente de los letrados” La Esfera

Por último señalar que también se divulgó algún chascarrillo popular que pretendía envolver el lugar de cierto halo enigmático. Efectivamente, existían testimonios que afirmaban que del monasterio partían galerías subterráneas hacia otros conventos y principalmente hacia el Palacio Real. Revelaciones calificadas, según La Esfera, “como patrañas inventadas por la fantasía del pueblo, que veía entrar en aquella mansión con frecuencia a los reyes, y quería a todo trance darle misterio a aquellas reales visitas, cuando posteriormente no los veía salir”

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Prensa manejada:

El Liberal, 5 de mayo de 1915

El Globo, 5 de mayo de 1915

La Época, 5 de mayo de 1915

Heraldo de Madrid, 5 de mayo de 1915

Nuevo Mundo, 8 de mayo de 1915

Mundo Gráfico, 12 de mayo de 1915

La Esfera 15 de mayo de 1915

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