LA INAUGURACIÓN DEL TEATRO REINA VICTORIA. MADRID 1916

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El día después del estreno todos los comentarios eran unánimes en ensalzar “la belleza, la elegancia, la amplitud, el confort y el buen gusto del nuevo coliseo”. La inauguración había resultado brillantísima, con una sala abarrotada y la presencia de los Monarcas y de los infantes Doña Isabel y Don Carlos, que ayudaron a fomentar la solemnidad y la animación del acontecimiento. Los  asistentes quebraban los momentos de tranquilidad con “ovaciones espontáneas y entusiastas” hacia Sus Majestades, provocando que los Soberanos tuvieran que corresponder reiteradamente con “saludos a los aplausos y aclamaciones del público”. Además, se preguntaba el articulista de El Liberal: “¿Qué teatro no resulta encantador cuando en los palcos y butacas dominan las mujeres hermosas y elegantes?”  

Veamos a continuación los puntos más curiosos del edificio, sin entrar en detallar cuestiones técnicas de la obra de D. José Espelius:

  •  Seguramente el elemento más característico del edificio y que más sorprendió, fue la idea de concebir una especie de tragaluz en el techo de la construcción, que al abrirse permitía que en los días de calor, como aquel 10 de junio, “el aire fresco de la noche renovara en un instante la temperatura ambiental”.
  •  La luminosidad y colorido de la sala eran elementos muy repetidos en las crónicas, una luz “espléndida” que con “simpática refracción” se proyectaba en los palcos “envolviendo con suaves matices los bustos de las damas”. Además, 5 baterías de luces de colores, “permitían hacer en la escena cuantos juegos y combinaciones de luz sean necesarios”. El color gris claro de las tapicerías del local, revestimiento realizado en la Real Fábrica de Tapices, junto con el color azul de los pasamanos y del cuero de las butacas, favorecían el ornato del teatro, resultando un espacio “elegante y versallesco”.
  • Se alababa el planteamiento general de favorecer la comodidad por encima de otros requerimientos, como pudieran ser la de lograr un mayor aforo del recinto, consiguiendo por ejemplo una amplia visibilidad desde cualquier punto de la sala, “no habiendo columnas ni obstáculos que se interpongan entre el escenario y el público”. Llamaba la atención la forma de la sala, que vista desde la escena, semejaba la de un corazón, cuando por lo general solían imitar la forma de herradura. La comodidad se acentuaba gracias a la forma ovalada y un poco en curva de los respaldos de las butacas, que permitían al asistente apoyarse cómodamente. Un bienestar que también se experimentaba a la hora de abandonar el local, gracias a las espaciosas salidas existentes, que desembocan en la calle San Jerónimo y Echegaray y “que permiten desalojar la sala en pocos minutos”.  Continuando en el ámbito de las comodidades y al haberse “todo previsto y dispuesto con la mayor eficacia”, señalemos como particularidad, que los palcos disponían de un timbre para llamar directamente al bar, el cual prestaba servicio a éstas localidades portando unas mesitas portátiles. El bar se hallaba en la segunda planta, habiéndose habilitado un lujoso hall que hacía las funciones de salón de fumar, en la planta primera.
  • He encontrado diferencias a la hora de especificar el aforo de la sala, El Día de Madrid apuntaba a 800 localidades, mientras que por ejemplo ABC señalaba que el aforo era de 1000 plazas, en cualquier caso ni siquiera esta última cifra le permitían convertirse en uno de los teatros más grandes de la capital, por lo que las compañías que en él actuaban debían, en opinión de algún analista, estudiar con detenimiento los costes para rentabilizar la inversión. En esta línea, el editorialista del periódico El Día de Madrid, reprochaba la elección de la obra con la cual se había estrenado la instalación, “el Capricho de las damas”, una obra que ya había obtenido mucho éxito en el momento de su presentación en el teatro Eslava, y que por tanto, resultaba “demasiado conocida” para los aficionados. Por ello concluye “que a un teatro tan bonito, elegante y cómodo, sólo le falta que pasen por él buenas compañías y mejores obras”, juicio de opinión cargado de reprobación hacia la compañía Eslava y D. Ramón Peña responsables de la administración del flamante teatro.
  •  Una curiosa constatación publicada: lo bien perfumado que estaba el local, faceta nada desdeñable, porque “esto de que huela bien en un teatro es digno de aplauso”.

Sin lugar a dudas y tal y como resalta la crónica de ABC, los puntos más singulares del inmueble eran: la luz, la originalidad de la forma de la sala y “el truco de la claraboya que permitía la agradable temperatura que allí se disfrutaba”. Estos elementos serían “la primera obra de éxito que cuente el cartel del teatro”. Por todo lo expuesto y los informes realizados por las Comisiones que visitaron el Coliseo, la Comisión de Espectáculos y la Brigada de la Dirección de Seguridad, que “reconocieron que no faltaba ni un solo detalle”, la sensación general era la de calificar a este teatro como modélico, con numerosos detalles “reveladores de una exquisita distinción”.

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Prensa manejada:

ABC: 11 de junio de 1916

La Correspondencia de España: 11 de junio de 1916

El Liberal: 11 de junio de 1916

El Día de Madrid: 13 de junio de 1916

Mundo Gráfico: 16 de junio de 1916

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