LA GRAN CARRERA DE VELOCÍPEDOS: SAN SEBASTIÁN – MADRID. 1895

Imagen

En el último tercio de siglo XIX experimentó un gran crecimiento la organización de carreras de velocípedos a lo largo y ancho de nuestra geografía.  En Madrid, dichas pruebas generalmente solían disputarse en un circuito que transitaba las fabulosas sendas del Parque del Retiro. En este escenario, y en los Paseos de Recoletos, Salón del Prado y Castellana, era habitual cruzarse una y otra vez con estos novedosos artefactos, especialmente a partir de los años 70.  El éxito de este “caballo de acero”, como se le denomina en algún artículo de la época, fue formidable, ganándole poco a poco terreno al uso del caballo, “ese velocípedo de carne”. Un atinado articulista escribía en 1885: “El velocípedo se impone , porque conviene perfectamente a la época en que vivimos (…) Andar ya no basta, es preciso correr, es necesario volar (…) El velocípedo, que en su principio era grande, pesado y tenía varias ruedas ha sido en poco tiempo, simplificado hasta convertirse en bicicleta elegante y ligerísima, que parece imposible que tenga fuerza para resistir el peso de un hombre (…) Hay quien supone sin embargo, que esta es una moda que pasará – como es natural- rápidamente, yo por el contrario, creo que esta afición ha de durar mucho tiempo” .

La afición iba creciendo y en el año 1895, el Club Velocípedo Madrileño, decide organizar una espectacular carrera de 535 km de recorrido que unía las ciudades de San Sebastián y Madrid. Nunca se había desarrollado una prueba de tal envergadura en España, aunque a modo de ensayo se había disputado previamente una carrera que conectaba las ciudades de Salamanca y Madrid.

La contienda se “lidió” entre el 14 y el 15 de septiembre y durante las 34 horas y 9 minutos que tardó el vencedor en cubrir el trayecto, se evidenció un espectacular seguimiento a nivel nacional: “Por la tarde del 14 comenzaron a llegar al Club Velocípedo Madrileño y a las redacciones de los periódicos noticias de la carrera, que eran buscadas con ansia por los aficionados, comunicadas con entusiasmo a todo el mundo y comentadas luego con calor en círculos y cafés”. La tensión iba creciendo a medida que el desenlace se acercaba: “En Madrid el último día la expectación era grandísima, y no pequeños los temores de que hubiese ocurrido algún accidente a los intrépidos corredores. Nada se sabía de ellos desde hora  temprana, y cuando iba vencida la tarde seguía la misma incertidumbre motivada por la carencia de noticias”. Sintomático del interés general fue la disposición mostrada por S.M. la Reina Regente María Cristina, quien presenció la salida de los corredores en San Sebastián.

Imagen

Los corredores participantes

Imagen

Línea de salida

Imagen

Desde los instantes iniciales se rodó rapidísimo por : “el afán de ganar el premio ofrecido por la Diputación de Guipúzcoa”, lo que provocó “que forzaran demasiado la marcha y se fatigaran mucho”

Se alzó con la victoria Don Orencio Pedrós, ocupando el segundo y tercer lugar respectivamente D. Salvador de Gomila y D. Carlos Elgueta, que entraron a algo más de 3 horas del vencedor. Solamente se retiraron  los dorsales 3 y 8, y el  número 1, D. Pedro Lapuente, no pudo tampoco cruzar la línea de meta, aunque por un peculiar y desgraciado  lance. Este corredor, tras coronar el Puerto de Guadarrama y ser visto optando a la segunda plaza en un descenso vertiginoso, no volvió a ser visto en la ruta en ulteriores horas. La preocupación de la Organización  condujo al alcalde y la Guardia Civil de Guadarrama, a iniciar una activa búsqueda, ante el temor de cualquier grave percance ocurrido. Finalmente el ciclista llegó a la capital el lunes día 16 por ferrocarril, explicando que había tenido una avería con su cadena en el descenso, y al no haber encontrado otra bicicleta en el pueblo de Guadarrama, decidió retirarse, pues le era imposible llegar a la meta antes de la hora señalada como límite, para completar la prueba. La frustración del ciclista fue tamizada por el Jurado de la Competición, formado por miembros del Club Velocípedo, que decidieron concederle la cuarta plaza como premio de su combatividad.

 D. Orencio Pedrós fue el claro dominador de la prueba de principio a fin, cruzando en primer lugar por todos los puntos intermedios: Vitoria, Burgos, Valladolid, Olmedo y Villalba. El corredor “triunfante” solamente utilizó una bicicleta hasta Sanchidrián, lugar donde cambió de velocípedo, aunque al poco tiempo volvió a montar la primera que utilizó.  Pedrós principal favorito en el concurso, no pudo contar con la ayuda de ningún “técnico” hasta la localidad de Briviesca, justamente cuando atravesaba un momento preocupante, al no disponer por un contratiempo sufrido con el farol de la bicicleta, de visibilidad suficiente para marchar con normalidad, “por lo que marcharon despacio”, hasta llegar a Burgos.

Este no fue el suceso más embarazoso  que franqueó el bravo corredor, sin duda el más azaroso fue el encuentro con un impetuoso carretero: “El señor Pedrós a punto hubo de ser muerto cerca de Vitoria, pues un carretero que iba dormido no oyó los gritos que le daba el corredor y se enfadó tanto al notar que se le espantaba las mulas, que acometió puñal en mano al sr. Pedrós. Las personas que en ese momento acompañaban al ciclista sacaron sus revólveres e hicieron que el carretero les dejara libre el paso”.

Imagen

Don Orencio Pedrós

Los últimos kilómetros del recorrido fueron seguidos con gran pasión, por un innumerable gentío: “La carretera de La Coruña parecía un hormiguero (…) Una muchedumbre de ciclistas desfilaban por la carretera de La Coruña para esperar a los corredores en alguno de los pueblos inmediatos. En los puntos en que la carretera es cortada por la vía férrea se veían también muchos grupos de ciclistas y alguna que otra banderita roja, prendidas en árboles del camino para señalizar algún peligro. Para dar idea del número de compañeros del pedal que ayer salieron por esos mundos, baste decir que el tren que llegó del Escorial a las 10 de la noche, traía sus furgones atestados de máquinas pertenecientes a ciclistas que habían optado cuerdamente en regresar a la Corte, por un medio de locomoción más descansado que el que constituye su diversión favorita”

El campeón llegó a Madrid escoltado por una veintena de ciclistas, manifestando las crónicas que: “no daba muestras de gran cansancio, venía tan de refresco que hubiera llegado a Madrid en menos tiempo del empleado; pero ya en la última etapa del camino sus auxiliares le aconsejaron que moderase la velocidad de la marcha, dado que los otros corredores quedaban muy distanciados y era seguro el triunfo”

Imagen

El vencedor cruzando la línea de meta junto al pabellón que albergaba al Jurado, levantado en el Paseo de La Florida 

Por último quisiera señalar, a pesar del éxito de la competición, traducido en el fuerte aliento que percibieron todos los corredores a su paso por las diferentes localidades por las que transitaron, y el respaldo prácticamente unánime de la prensa, surgieron algunas voces críticas que denunciaban mala organización y cuestionaban las cualidades y condiciones de los corredores. Molesta por estos comentarios La Revista Ilustrada, El Deporte Velocípedo, exponía lo siguiente:

 “Si ha habido deficiencias, no son achacables a los organizadores de la carrera. No siendo su función concreta, los jueces se han provisto para avituallar, de caldos, jerez y huevos, además de instrumentos necesarios para reparar alguna avería, y de botiquín para auxiliar al corredor (…) No es culpa de la Organización, sino culpa de los corredores no haber tenido dispuestas máquinas de trayecto en trayecto, para cambiar en caso de rotura (…) La carencia de entrenadores, como algún corredor ha lamentado, no es un servicio que pertenezca a la Organización, como tampoco es imputable a la Organización que los corredores lleguen más o menos cansados, ya que a nadie se obliga a tomar parte en pruebas de resistencia (…)

 Se esbozaban interesadamente comparaciones con la edición de aquel año de la carrera Burdeos- París (591 km), en la cual el vencedor invirtió aproximadamente 10 horas menos que en la San Sebastián- Madrid. A este asunto la Revista señalaba, que en la primera edición del certamen francés, el vencedor invirtió en torno a 33 horas, tiempo equiparable al de la prueba española, siendo además las carreteras francesas “paseos deliciosos” y las españolas muy “accidentadas”  y el trayecto Burdeos- París “casi plano” y el de San Sebastián – Madrid suponía salvar un desnivel  muy elevado. A esta dificultad orográfica habría que añadir según este diario, “la lucha contra el mal estado del piso, el calor tropical de aquel fin de semana y el inconveniente de noches oscurísimas”. En este último punto sí que reconoce el Presidente del Club imprevisión pues: “debió anticiparse la hora de la salida, y aún el día de la carrera, para que la luna llena hubiese cooperado al éxito de la prueba”

Prensa manejada:

La Ilustración Española y Americana 22/ 9 /1895

La Correspondencia Española 16/ 9 /1895

La Época 16/ 9 /1895

El Imparcial 16 /9 /1895

El Deporte Velocípedo 18 / 9 /1895

Anuncios
Esta entrada fue publicada en historia del deporte. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s