EL ÚLTIMO ADIÓS A DON BENITO PÉREZ GALDÓS. MADRID 1920

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 “Ha muerto Galdós, el genio que llenó de gloria la literatura de su tiempo con las asombrosas creaciones de su pluma. Con sus libros honró a su patria, con su vida se honró a sí mismo. Fue bueno, piadoso y el mayor adorador del arte y del trabajo. Los que le admiraron en vida vengan a la casa del Ayuntamiento, para que, ante su cadáver poderle dar su último adiós. Este homenaje de dolor le será grato, porque amó siempre la sencillez”.

Así rezaba el comunicado emitido por el Ayuntamiento horas después del fallecimiento de Don Benito Pérez Galdós el 4 de enero de 1920. La ciudad entera se volcó para  rendir sentido homenaje al genial literato, al “escritor nacional por excelencia del siglo XIX”, y nadie mejor que los madrileños, para expresar el dolor nacional porque, “la opinión madrileña ha expresado las características de las tendencias galdosianas, Madrid ha luchado constantemente por la libertad, y Madrid ha sentido vivamente los anhelos de la Patria”. De este modo, la Villa y Corte, “aparecerá este día como ciudad madre, como metrópoli, la ciudad representativa de naciones, de pueblos, la ciudad de la raza y del idioma”. Para muchos Galdós había sido el mejor “retratista” de la ciudad, y ahora debían ser los madrileños los que en representación del resto de los españoles estaban obligados a honrarle.

El gobierno resolvió tras la reunión del Ministro de Instrucción Pública con el Presidente del Consejo de Ministros, una serie de cuestiones, cuyos puntos principales pueden resumirse en: asumir el coste del entierro, la ausencia de cualquier ostentación militar en el homenaje, el traslado del cadáver al Ayuntamiento donde sería expuesto por unas horas para el pueblo de Madrid, y la posterior salida de una  extensa comitiva fúnebre hacia el cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. Así mismo en un decreto dirigido a la persona del Rey, en representación de todos los españoles, se manifestaba lo siguiente:

“Señor: El Insigne P. Galdós ha muerto. La literatura española está de duelo. El Gobierno sabe que V.M. enaltece siempre, y en todo momento, a los varones ilustres, e interpretando de consumo el sentimiento público, como representación del Estado, anhela dar ante la nación la más alta prueba de respeto y de consideración al gran novelista, que ha sido una de las más preclaras glorias de su tiempo y a la vez honor excelso de la Patria (…) Los pueblos se honran así mismo tributando el homenaje merecido a los esplendores de la cultura, y a las excelsitudes de la inteligencia, y ésta es hora de dar testimonio de tan justísimos tributos, que raras veces se prodigan, por lo mismo que son pocos los escogidos que se hacen dignos de la gratitud de la nación.

 El duelo Señor, es de todo el país, desde las alturas del Trono, que es la más alta representación de la Patria, el Gobierno que representa al Estado, las Academias, donde se congregan los más  grandes hombres de la intelectualidad nacional en las esferas de la literatura, ciencia y arte, y España entera, que si en vida rindió tributo merecido a las relevantes cualidades del genio, debe acompañar después de muerto, para rendirle el postrero homenaje de admiración y entusiasmo”

En el jardín de la casa mortuoria se colocaron una serie de pliegos, en los cuales podía decirse que “firmó todo Madrid, representado por significadas damas de la aristocracia, modestas obreras y  humildes trabajadores que conocían cúan grande era la figura desaparecida, y brillantísimas personalidades de las Artes, de las Letras y de las Ciencias”. La prensa señaló especialmente dos momentos “desgarradores” y “penosos” vividos en la casa; el primero se produjo con la llegada del ex matador de toros Machaquito, que hallándose en Córdoba y avisado de la gravedad de su padrino, partió precipitadamente hacia Madrid, pero no pudo llegar a verle con vida. La escena que tuvo lugar a su llegada se describió como “tristísima”. El segundo suceso “penoso” lo protagonizó la actriz Margarita Xirgú, que al entrar en la capilla ardiente rompió amargamente en sollozos abrazada al cadáver”.

Galdós se había mudado a este hotelito de la calle Hilarión Eslava en 1911. De joven había habitado en diferentes casas de huéspedes en las calles de las Fuentes, Mesoneros Romanos y la Plaza del dos de Mayo. Teniendo un cierto reconocimiento se mudó a Serrano y siendo ya una celebridad se estableció en la Plaza de Colón, Hortaleza esquina travesía de San Lorenzo,  y en penúltimo lugar a Alberto Aguilera esquina Gaztambide.

En torno a las 7 de la mañana del 5 de enero fue trasladado el cadáver desde la casa del novelista al Ayuntamiento, en un automóvil preparado al efecto, y escoltado por guardias municipales de caballería con traje de gala. El traslado apenas duró 20 minutos, y a pesar de la hora tan temprana, “las calles por donde pasó la comitiva se veían bastantes concurridas de gente deseosa de tributar un homenaje de despedida al ilustre muerto”. El hall de cristales de la Casa de la Villa se convirtió en capilla ardiente. El espacio se acondicionó con una serie de elementos: se tapizó enteramente con grandes paños de terciopelo negro, con adornos de oro,  y con una guirnalda de laurel con coronas de la misma hoja de trecho en trecho. El “túmulo” fue cubierto de paños negros bordados de oro, y sobre él se depositó la caja de caoba en que yacía el cadáver. Detrás del féretro aparecía un gran crucifijo, rodeado de grandes palmeras y una docena de banderas nacionales. Custodiaban la sala, guardias municipales de la sección de caballería en traje de gala y maceros del Consistorio con frac y espadín.

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El Presidente del Consejo Sr. Allendesalazar, ante el cadáver de D. Benito Pérez Galdós, expuesto al público en el salón del Ayuntamiento

A las 8 de la mañana se facilitó el acceso al público que “atestaba” la Plaza de la Villa, deseosos de homenajear al maestro a través de la escalera principal que daba entrada a la sala. La concurrencia se detenía unos instantes ante el cadáver para salir a continuación por una escalera de servicio. Las crónicas relatan que eran muchos los que al contemplar el difunto, “se mostraban emocionadísimos, no pudiendo evitar las lágrimas”.

A las 15,15 fue sacado el féretro y se organizó la gran comitiva que se desplazaría hacia el cementerio. El séquito era precedido por una sección de la Guardia Municipal Montada, una representación del Cuerpo de Bomberos, la Banda Municipal y cinco coches con Coronas (la más espectacular fue la del Ayuntamiento). A continuación marchaba el coche fúnebre tirado por 6 caballos y rodeado por maceros del Consistorio, diputados y distintos Círculos y Sociedades. Presidía el duelo el Gobierno en pleno, el Presidente del Congreso, representantes de Canarias como el general Weyler, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Madrid. La familia fue representada por el yerno, un sobrino y el albacea del finado.

Como no podía ser de otro modo los madrileños se echaron a la calle, decenas de miles de personas desfilaron ante la comitiva, hasta la Plaza de la Independencia lugar escogido para despedirse del duelo. En el acompañamiento figuraron infinidad de Comisiones, Sociedades literarias, representantes del Ateneo, comisiones de los diferentes cuerpos del Ejército…

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“Las aceras de las calles que la comitiva recorrió y los balcones de las casas, se encontraban llenas de gente materialmente apiñadas. Ésta es la prueba más elocuente de que Madrid y cuantos en la Corte viven, han sabido apreciar la pérdida tan grande que para España supone la desaparición uno de los hijos que más la honraron”

Es interesante señalar que algunos diarios critican la falta de implicación de algunas instituciones públicas en los honores al escritor.  Paradigmático de ello es el diario El País, que señala la pasividad de instituciones como el Congreso, La Real Academia Española de la Lengua y de la Biblioteca Nacional, que “como instituciones nacionales parecen más señaladas para la exposición pública del cadáver de Galdós”, que La Casa de la Villa. Además muestra una serie de antecedentes: la exposición de restos de políticos en el Congreso, del poeta José Zorrilla en la Real Academia, o de Echegaray y Menéndez Pelayo en la Biblioteca Nacional. Por ello “produce extrañeza que sea el Municipio matritense el que recoja el cadáver de una gloria española, la más alta y pura hoy (sólo Ramón y Cajal es comparable)”. El Diario El Sol profundiza en esta línea, y censura el desafecto de las autoridades: “La España oficial, fría, seca y protocolaria ha estado ausente en la unánime demostración de pena provocada por la muerte de Galdós (…) Y a última hora se ha querido remediar el olvido con un decreto lamentable, espuma de la frivolidad oficial, ejemplo doloroso de cómo pueden cegarse, en las esferas del Poder, los manantiales de la sensibilidad”

Para concluir quisiera destacar algunos de los pareceres publicados, que nos ilustran acerca de la trascendencia del personaje y del sentimiento de aflicción que envolvió al país ante tal acontecimiento. Veamos algunos ejemplos:

“Ha muerto el maestro (…) El día de hoy es un día de luto para España. Acaba de desaparecer la más indiscutible de nuestras figuras, la figura más sobresaliente, el maestro de 3 generaciones, el artista en cuyas obras se refleja todo el alma de España” El Noticiero Universal

“Esta madrugada a las 3,30 ha fallecido el hombre más querido por todos los españoles, D. Benito Pérez Galdós” La Publicidad

“Ilustre maestro, príncipe egregio de las letras españolas” El Liberal

“Su enorme labor es como la bandera de España, que ningún español se atreverá a profanar; nuestra bandera de colores rojo y gualda, que ahora ha sido glorioso sudario de maestro inolvidable (…) Yo recordaré siempre este bendito sudario, y ante la bandera de mi Patria, que antes me sugería heroicidades de nuestras gloriosas guerras pasadas, flotará ahora también el recuerdo impresionante de P. Galdós muerto, y veré sus restos envueltos en esta bandera de nuestra raza, que hoy cubre sus divinos colores con crespones negros de duelo” Ramón García Gallo en La Ilustración Española y Americana

“Don Benito ha muerto ¡Viva Galdós! Ha muerto el hombre, viva el escritor; vivirá en sus obras mientras viva el mundo. El uno es mortal, y ha cumplido ayer la sentencia de muerte a que nació condenado; el otro es inmortal. ¡Pero qué tristeza la desaparición para siempre de don Benito!” El País

“Ahora es cuando Galdós, entrando en la inmortalidad, más se incorpora con su espíritu inmortal al acervo de las devociones españolas” La Acción

En la prensa internacional principalmente en Francia también se hicieron eco del luctuoso suceso.

“Al desaparecer Galdós sufre España una pérdida que será universalmente sentida. Galdós fue una inteligencia que irradió sin cesar más allá de las fronteras de su Patria” Le Jeurnal des Debats

“Galdós ha tenido una vejez dolorida, ha muerto casi ciego, pero su memoria es imperecedera y su nombre continuará figurando no sólo entre los grandes escritores, sino entre los grandes hombres” L Avenir

“Galdós ha muerto. Con él se ha apagado la más brillante antorcha del pensamiento español, la gloria más incontestada de toda la literatura contemporánea de la Patria del Conquistador y de Goya. Se le ha comparado con Víctor Hugo, a Balzac y a Dikens, pues bien, es cierto porque tenía algo de los 3 pues era romántico, novelesco y a la vez realista y encarnaba magníficamente a la España heroica en su crepúsculo de gloria y leyenda” El Petit Midi

Sin embargo también podemos rastrear alguna editorial, aunque muy minoritaria, contraria a la figura del escritor. Es el caso del periódico El Siglo Futuro, el cual critica con severidad a los diarios que considera próximos a su línea editorial conservadora y católica, como por ejemplo El Debate, y que tantos elogios han obsequiado a la que considera “obra sectaria del autor canario”: “Es natural que la Prensa, cuya causa sirvió Galdós en libros y dramas le glorifique. Pero ante la incorporación a esa comitiva de panegiristas de los periódicos que se llaman de derechas, no podemos callar nuestra discrepancia (…) No queremos que ahora como siempre, en la vida natural y en la vida espiritual del autor que tantas veces hizo gala de su anticlericalismo y combatió a la Iglesia, seamos nosotros culpables de silencio, que fuera a traicionar a nuestras ideas o pudiera reputarse asentimiento tácito al panegírico, si no cobardía (…) Galdós no fue nuestro. Fue de nuestros enemigos, y lo sigue siendo. Respetuosamente dejemos, en silencio, que los muertos entierren a los muertos”. A pesar de ello sentencia: “Descubrámonos al paso del cadáver, y pidamos a Nuestro Señor que acoja en su infinita misericordia el alma del difunto, y rogamos a nuestros lectores imploren por Galdós en sus oraciones”

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Carta manuscrita de Galdós

He manejado los siguientes diarios:

 Mundo Gráfico, Nuevo Mundo, El País, El Siglo Futuro, La Ilustración Española y Americana, La Correspondencia de España, El Globo, La Acción, El Sol, La Época, La Esfera, El Imparcial

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Una respuesta a EL ÚLTIMO ADIÓS A DON BENITO PÉREZ GALDÓS. MADRID 1920

  1. Muy buena información, gracias por ella.
    Gabriel de Araceli

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