LAS BODAS DE PLATA DE LA ENTRONIZACIÓN DE ALFONSO XIII.1927

Imagen

No quiero agasajos, ni estatuas, ni suntuosidades. Soy un hombre sencillo, prefiero pasearme por el campo con un traje cómodo que presenciar una parada metido en un uniforme ajustado. Prefiero que todo el dinero que hubiera de invertirse en festejos se dedique a la construcción de la Ciudad Universitaria”. Éstas son las palabras que pronunció Don Alfonso XIII a la prensa unos días antes del inicio de los festejos realizados en toda España, con motivo del XXV aniversario (mayo de 1927) de su subida al trono. A pesar de éstas sentidas palabras del Rey anhelando moderación y mesura, la realidad fue, que “una expresión de júbilo inundó el pueblo de Madrid” que participó activamente, en cada uno de los eventos programados para la conmemoración.

Madrid se vistió de largo en esos días centrales de mayo, edificios de particulares, de sociedades y corporaciones de todos los barrios de la ciudad estaban engalanados y adornados. De entre las “colgaduras” el letrero más repetido rezaba “Dios guarde al Rey”. Por la noche “el efecto no era menos brillante”, al iluminarse muchas casas. Los tranvías llevaban en los trolleys banderitas con los colores nacionales. Solemnes actos religiosos se sucedieron en Madrid, sobresaliendo las misas celebradas en la parroquia de San Joséen acción de gracias y Te Deum por el fausto acontecimiento”, y  el Te Deum oficiado en la Real Iglesia de San Francisco el Grande.

Los actos centrales del Jubileo tuvieron lugar el día 17 de mayo en Palacio Real. Allí “los alrededores del Palacio se vieron muy concurridos. A pesar de la lluvia insistente, que no cesó de caer ni un solo momento, el público se estacionó en los jardines de la Plaza de Oriente, para presenciar la llegada y salida de las tropas de la parada y de las personalidades. Centenares de coches llegaban a la puerta del Príncipe constantemente conduciendo a las personas que iban a testimoniar su adhesión al Rey firmando en los álbumes y pliegos dispuestos en el patio central del Palacio Real”.  Déjenme apuntar con respecto a las firmas en álbumes, las sorpresivas  aglomeraciones en distritos como los de Chamberí, Latina e Inclusa, de claro  “abolengo republicano”, y que recogieron pliegos de más de 40000 firmas en un solo día, “dando el mayor contingente las clases modestas y los obreros”.

 Volviendo a Palacio, el programa era el habitual para este tipo de acontecimientos: parada militar, recepción real y oficio religioso en la Capilla Real. El colofón lo puso un gran banquete al que asistieron en torno a 100 comensales. Formaban parte entre los asistente, los Grandes de España, jefes de Palacio, miembros del gobierno, autoridades de Madrid… La velada era amenizada por la música del Real Cuerpo de Alabarderos. Como anécdota quiero señalar por lo simpático,  uno de los presentes del que fue objeto el Rey. El regalo tenía como objeto sustituir la cigarrera de cristal que usaba Don Alfonso para obsequiar a sus visitantes por otra de tapas doradas, con la dedicatoria y los nombres de los sirvientes, reproducidas en la cubierta.

El Rey aprovechaba este tipo de actos para otorgar con las máximas distinciones de la nación a diferentes dignidades. Condecoraciones como el Toisón de Oro otorgada entre otros al Duque de Medinaceli, Las Grandes Cruces de Carlos III asignada al general Barrera, e incluso el gobierno formuló propuestas para la concesión de las Cruces al Mérito Civil, orden de nueva creación. El monarca  recibió a su vez “el más preciado galardón de la villa: la medalla de la ciudad”.

La caridad y la filantropía afloraba en estas conmemoraciones y aniversarios. Uno de los actos  más elocuentes, fue la “comida obsequio” dada por la Unión Patriótica a un número aproximado de 600 pobres. “Las 100 mesas ocupadas por los pobres fueron cubiertas de blancos manteles con servicio fino de vajilla y cristalería, con ramos de flores  adornando las mismas. El menú: paella, empanadas de pescado, filetes, postres variados, dulces, café, vinos variados y licores. Al terminar la comida se entregó a los hombres una cajetilla de tabaco y a las mujeres flores. También se entregó a cada comensal una fotografía de S.M. el Rey. Actuaron como camareros los afiliados entre los que figuraban varios Grandes de España, Títulos del Reino, concejales, diputados provinciales, catedráticos, actores afamados…”.Los pobres aluden las crónicas, “reiteradamente vitoreaban a España y al Rey.” Cuanto menos debió resultar pintoresco, escenas de este tipo las podemos encontrar en las deliciosas novelas de Pérez Galdos. Alrededor de 500 comidas gratuitas para pobres se repartieron entre el Hospital General, San Juan de Dios, el asilo de las Mercedes  e Inclusa, siendo el menú: sopa, cocido, carne, chorizo y postre con su ración de pan. El propio soberano hizo un donativo de 25000 pesetas destinados a “instituciones y centros educativos, benéficos, docentes y de acción social”.

Los organismos municipales, alcaldía o asambleas de distritos, se colocaron en primera línea a la hora de impulsar iniciativas benéficas. Algunos ejemplos interesantes son las notificaciones de las asambleas de los distritos, como los de Congreso-Hospicio que, acordaron abrir una cartilla de 25 pesetas, al niño o niña, que naciera el 17 de mayo, en cualquiera de ambos distritos, siendo condición indispensable “ser pobre de solemnidad”. La Diputación de Madrid gratificó con una beca de 1500 pesetas, a 3 hijos de Madrid. El alcalde de Vallecas dispuso la repartición de ¡2500 bonos!, a los pobres del municipio, consistente en 1 kg de patatas, 1/2kg de arroz, ¼ kg de bacalao y un pan.

Dentro de este ámbito, el apartado que despertó mayores adhesiones y entusiasmo fue  sin duda, el de la colecta para financiar,  tal y como el monarca había anhelado, las obras que debían dar forma a la futura Ciudad Universitaria de Madrid. En este capítulo las contribuciones se suceden de diversas formas. Por un lado, destacan las cuantiosas cantidades aportadas por la aristocracia, un ejemplo el suculento cheque de 200000 pesetas otorgado por el duque de Valdecilla al rey para la suscripción; por otro, de nuevo las instituciones y organismos públicos, como la Diputación de Madrid que contribuyó con 25000 pesetas. Otra forma de recaudar ingresos era la organización de bailes y rifas, destacando como los más activos, las Cámaras de Comercio y del Círculo Mercantil, teniendo al Retiro como el escenario ideal. Pero seguramente de todos los eventos, el que más contribuyó a este fin, fue la celebración de la corrida de toros de 28 de mayo. La recaudación que “fue un éxito”, iba íntegra a la suscripción de la Ciudad Universitaria, reflejando las crónicas, que “casi se logró el lleno, a pesar del precio elevado de las entradas”.

Por último para cerrar este capítulo de dádivas, mencionar los indultos que graciosamente otorgaban en estos días festivos tanto el gobierno “a la población penal” como en nuestro ayuntamiento el sr. Alcalde Semprúm: habrá exención dictaminó un bando municipal, “de todas las multas impuestas por faltas de policía urbana a los que no sean reincidentes. Igual concesión a los empleados y obreros municipales sancionados”.

El mundo del deporte y de la tauromaquia, tal y como apunté unas líneas más arriba, no podían estar al margen de lo que acontecía. Como ejemplo vamos a aludir a un par de actos vinculados con las prácticas deportivas del monarca y que para él tenían un alto valor afectivo. La Sociedad de Tiro de Pichón organizó una espléndida fiesta, presidida por los Reyes de España, para más de 300 comensales, acudiendo la “espuma” de Madrid. En el chalé del club de Tiro el marqués de Riscal y el conde de los Villares, presidente y vicepresidente de la Sociedad respectivamente, proyectaron un suntuoso homenaje al monarca, confeccionando un  suculento banquete seguido como no podía ser de otra forma de música y baile. Otro sentido homenaje fue la cena con la que obsequiaron a su Majestad, los jugadores del club de polo en el hotel Ritz. El Monarca era considerado como “el primer deportista en su patria”

Anteriormente me referí al éxito de la corrida de toros que conmemoraba el aniversario. La corrida tuvo de protagonistas al torero el Gallo y los rejoneadores Cañero y Simao de Veiga, que se ofrecieron de forma desinteresada a la causa. La coincidencia es unánime entre todos los artículos taurinos al resaltar  el magnífico aspecto que ofreció la plaza en aquella tarde. El cronista de El Imparcial escribe lo siguiente: “Nunca hemos visto la plaza tan engalanada, tan bella, tan radiante. Palcos, andanadas y gradas adornadas con tapices y guirnaldas. En los tendidos florecen como naranjos de claveles y rosas las mujeres bonitas. ¿Cuántas hay?! Quién pudiera contarlas! Seguramente sería más entretenido que ver la corrida, porque milagro será que estos toros de Trespalacios no nos mojen la fiesta. Preside la Reina con su gentileza y hermosura sin par, y el Rey con su sonrisa simpática acogedora y cordial”.La numerosa presencia femenina es también subrayado por el articulista del diario La Libertad: “muchas mujeres entre el público que daban a los tendidos una tonalidad más alegre”. Desde luego no parece que lo importante fuera lo que se verificaba en el ruedo, sino todo lo que  se cocía en los tendidos.

Para concluir quiero significar una de las acciones más sobresalientes, por lo simbólico de las fiestas patrióticas, se trata del encargo del Gobierno al poeta Eduardo Marquina, para que compusiera la letra de la Marcha Real. Las notas fueron cantadas por toda la Familia Real y su séquito en la Capilla de Palacio, el día central de los festejos, proclamándose de este modo oficial y solemnemente como texto del Himno Nacional. La acogida del texto no tuvo una crítica unánimemente amable, curiosamente especialmente críticos fueron los sectores más conservadores. La revista Lectura Dominical lanza un dardo envenenado al ilustre poeta: “No parece obra de un gran poeta, ni por el pensamiento ni por la expresión, corresponde a las altísimas exigencias de un Himno Nacional. Falta además, la nota religiosa que en todos los himnos patrióticos levanta el corazón a las más elevadas regiones de la idealidad .Es lamentable que un poeta del fuste del Sr. Marquina haya privado de esta trascendencia religiosa al himno, haciéndole así menos grato a la inmensa mayoría de los españoles”. Sin duda la falta de consenso en la elaboración de cualquier texto para La Marcha Real ha llegado a nuestros días.

Fuentes manejadas:

ABC: mayo de 1927                                        Lectura Dominical: mayo de 1927

La Época: mayo de 1927                                La Libertad: mayo de 1927

El Imparcial: mayo de 1927                             La Esfera: mayo de 1927

La Voz: mayo de 1927                                    El Siglo Futuro: mayo de 1927

La Correspondencia Militar: mayo de 1927     Mundo Gráfico: mayo de 1927

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Historia. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s