PERCEPCIÓN DE MADRID POR PARTE DE INGLESES Y FRANCESES EN TORNO A 1800. CAP. 1 CONSIDERACIONES SOBRE EL CLIMA

En primer lugar antes de exponer dichas percepciones, quisiera subrayar una serie de cuestiones. Por un lado, señalar que los motivos que mueven a estos personajes a visitar nuestro país son fundamentalmente religiosos, familiares, militares y diplomáticos. Por otra parte, recalcar que las impresiones que nos transmiten sobre el paisaje, ciudades, costumbres, espectáculos, situación política… Suelen estar distorsionadas por diferentes factores. Muchas veces éstos personajes están atraídos por lo exótico, en otras ocasiones se ofrece una visión exagerada de tipos y usos nacionales, y en otras sólo les importa resaltar aquellas características que les son totalmente ajenas, facilitando la creación de una imágen plana y superficial del nativo. Además existen viajeros, los menos, que aderezan los textos de sus viajes con amplias narraciones fantásticas que sólo están en su imaginación. Por último dos rasgos muy presente en los libros de los viajeros de esta época son: la generalización, por ejemplo los guisos en una posada son suficientes para juzgar toda nuestra cocina, y la presencia reiterada de aspectos estereotipados. De lo que no cabe duda es que España levanta pasiones, puede provocar la admiración o el desprecio, pero nunca deja a nadie indiferente.

Denis Diderot en “Viaje a Holanda”, ofrece una serie de preceptos imprescindibles para el cronista: “El viajero debe poseer una formación adecuada en diversa disciplinas, conocer la Historia y Lengua del país del destino, leyendo todo lo posible sobre él, antes del viaje. Aconseja “acercarse a diversos habitantes del país para aprender más, y de forma más rápida todos los aspectos de la vida, previniendo contra la imaginación y la memoria”

Mesoneros Romanos, ante la gran cantidad de publicaciones de relatos de viaje sobre España que circulaban en su tiempo, realizó un retrato satírico sobre dichos relatores, criticando su superficialidad literaria: “La rapidez con la cual han viajado por España todos los que sobre ella escriben, demuestra claramente, las numerosas equivocaciones, los juicios erróneos y apresurados teñidos de prejuicio”

La procedencia geográfica del viajero influye a la hora de percibir el clima. Un ejemplo clarísimo, el historiador y diplomático francés, Alexis de Saint Priest, que pasó en Madrid de finales de febrero a primeros de junio de 1829, insiste en el “insufrible” calor soportado. La insistencia en lo insoportable de las temperaturas, a la altura del año en que reside en Madrid, parecen guardar más relación con un arquetipo plasmado en relatos anteriores, que en la propia experiencia. En esta línea se expresan Lord y Lady Holland, que encuentran “insoportable el calor que acompaña la llegada de la primavera”, así que “temiendo por la salud de sus hijos y de la suya propia salen de Madrid”. El calor les resulta a veces inaguantable, sólo atemperado con la llegada del mes de octubre, cuando llega el tiempo “delicioso”. Del mismo parecer se manifiesta un alto oficial del ejército inglés establecido en la Villa y Corte en 1812, al declarar que “encuentra como gran inconveniente en Madrid el tremendo calor que siente, con mucho el mayor experimentado en su vida”. Ya se sabe que el calor se relaciona con la voluptuosidad y lo libertino, porque “si el frío encoge el corazón, el calor lo dilata, afloja los lazos opresores y libera el pensamiento

Sin embargo constatamos la presencia de revelaciones en el sentido opuesto. El Marqués de Longle, en 1784, afirma que en Madrid: “Se goza del más hermoso tiempo del mundo. Durante todo el año comen en Madrid, encuentras en el mercado albaricoques, frambuesas, cerezas, uvas, naranjas, ciruelas, guisantes… Nada excede, nada iguala la belleza, el frescor de la noche, se huele el musgo, el clavel, la flor de azahar. Jamás nuestros bosques, nuestras Tullerías, nuestros Campos Elíseos, nuestros paseos, las orillas del Sena, del Tíber, del Ródano, los campos que riegan el Loira, recuerdan en un segundo, tantas ideas, imágenes, recuerdos, goces, como reúnen las noches de Madrid” 

Me parece oportuno mostrarles en este ámbito atmosférico una descripción que traza Mesoneros Romanos sobre París y que nos sirve para proyectar algún tipo de paralelismo. El genial escritor madrileño destaca que “frente a una atmósfera pura y un sol brillante que encontramos en nuestro clima, París desde una elevada altura sólo ofrece una inmensa masa de sombras cenicientas. Una montaña de picos grises y negros, en cuyo fondo sombrío vienen a apagarse los débiles rayos del sol; las calles aunque largas y anchas, no permiten tampoco a la vista, disfrutar toda su extensión  por la opacidad de su atmósfera en la mayor parte del año. Las torres y arcos triunfales aparecen cubiertas con una grasa más o menos espesa, que le resta realce y hermosura. Resulta de esta humedad, los edificios adquieren un color sombrío” En otro momento de su pasaje incide en el hecho de encontrar en el París antiguo “un laberinto inexplicable de calles estrechas y tortuosas, de casas altísimas e informes, por cuyas ventanas no penetró jamás la luz del sol, cuyas fachadas están maltratadas por los rigores del tiempo, ofreciendo un desgraciado prospecto de la Edad Media”. 

Relacionado con el clima, abundan los relatos sobre la “esterilidad e ingratitud” de los terrenos que circundan la capital, excepto el área ocupada por la Casa de Campo. Lady Holland (Elisabeth Vassal) describe el bosque como “muy bonito, y visto desde aquí, la ciudad y el Palacio Real ofrecen un aspecto grandioso, no mostrando la desnudez y la aridez tan completas que desfiguran sus alrededores en los lados restantes” Además añade sobre la Casa de Campo que el “Parque contiene gran abundancia de faisanes, en sus tres grandes estanques, abundando también los patos y gansos foráneos”. Si para Jose Townsend el Parque ofrece “poca cosa digna de mención, excepto una estatua ecuestre de Felipe III, obra de Juan de Bolonia y acabada por Pietro Tacca” ; para Lady Holland es en cambio “una obra de arte exquisita, cuyos defectos se deben principalmente a que el pedestal es bajo y estrecho y la estatua resulta enorme comparada con el palacete”

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